sábado, 17 de junio de 2023
La muerte de los medios ¿ un proceso auto destructivo?
lunes, 19 de septiembre de 2022
Dios salve a la vaca
Dios salve a la vaca
Es bueno partir de una realidad concreta: a ti no te torean,
pero te matan. Te reducen a doméstica y existes en la medida en que sirves al
amo con tu muerte.
Además de animal doméstico, hemos hecho de ti un animal explotado,
como ningún otro. Te usamos para fabricar zapatos, carteras, correas, y
hay gente que adorna el piso de su sala con tapetes de tu piel. No existe en el
reino animal uno que sea más cruel con otro que el ser humano contigo
Contigo todo es permitido, ya no eres un animal, no alcanzas
a serlo. Te hemos convertido en un producto multiuso. Una casa sin ti sería un
espacio de desnutridos: sin tu leche, sin tu queso, sin tu mantequilla. No contentos
con exprimirte, te comemos.
Las cartas de los
llamados mejores restaurantes son más suculentas en la medida que ofrezcan
diversas formas de cocinarte. Hemos llegado a desearte de tan distintas y
diversas maneras que no nos da vergüenza cuando el camarero con una
sonrisa cínica nos pregunta: ¿cómo la desea? Muy asada, medio asada, tres
cuartos o casi cruda.
Si, así, nos referimos a ti convertida en filete, churrasco o
steak. Hecha pedazos. Hemos creados lugares en donde te venden dividida en nombres
extraños para ti, pero que, según eso que llaman cultura, te hace más
apetecible.
En esos almacenes que
llamamos carnicería puedes escuchar diálogos sobre ti hechas trizas: esa parte
es más blandita, esta otra es más jugosa, aquella es buena para asar, aquella está
madurada. Cuando estamos en esos sitios tu imagen de animal bueno se ha
perdido. Hay parte de ti que tiene un precio más alto y tu hija la ternera es
muy apreciada en algunos países. Carne más tierna dicen algunos.
Es tanta la cantidad de vacas que matamos que hemos aceptado
la industrialización de tu muerte. Hemos perfeccionado, con el mayor de los
cinismos, lo que algunos llaman: la muerte sin dolor. Pero lo hemos hecho, no
para evitarte el dolor, sino más bien, para evitarnos la vergüenza de producir
ese dolor a un animal tan bello y así comerlo con tranquilidad.
Pero tú eres vaca y te hemos reducido a lo que queríamos: un
animal cuya única razón de existir es ser comida. Ser el alimento de glotones
que afinan con miles de recetas las formas de cocinarte. Tus inmensos y
bellos ojos dejan ver que eres una inocente condenada. Prohibir asesinarte y
comerte sería más difícil que prohibir las armas.
Eres un ser sin defensores, ni siquiera aquellos que
dicen ser vegetarianos han enfrentado una defensa seria de tu derecho a vivir.
La carne es mala, dicen unos, pero no es una condena radical a los 4 millones
de hermanas tuyas que asesinamos en Colombia cada año en un festín de sangre
macabro, pero oculto y silencioso. Hay una defensa radical del toro convertido
en fiesta en cada fiesta celebramos asándote
La muerte tuya no es un crimen. Ya es parte de la cultura, es
decir de la economía. No alcanzo a imaginar la existencia de un movimiento
radical a favor de tu vida. Un movimiento que te convierta en víctima y te
declare patrimonio animal de la humanidad.
Mientras tanto continuaremos asesinándote legalmente y en las ciudades seguirá
abiertos lugares que llamamos mataderos, ahora con anestesia.
Guillermo Solarte Lindo
Pacifistas sin fronteras
jueves, 26 de mayo de 2022
SoloArte Lindo: Post encierro, el derecho a tener nuevos derechos
Post encierro, el derecho a tener nuevos derechos
Tengo la extraña sensación de timo, de fiasco con la
palabra post, sobre todo en épocas de
crisis, es decir casi siempre. En general suena a promesa incumplida, a un escenario
al que no se puede llegar. No es utopía ni distopia. No es un extremo, ni el otro.
Acaso, algo así, como la normalidad renombrada como nueva; la mentira de
siempre matizada, escondida en el laberinto de la neo política. Pero también
podría ser una señal de cambio o de recuperación de los valores perdidos. O de revolución de
las formas de vida. Todo depende de
nosotros mismos.
El Post encierro o post virus, como lo prefieran nombrar
podría ser un descubrimiento de lo
que somos como individuos y que estaba
oculto en las rutinas del mismo sistema. Estábamos presos de una ilusión y fuimos confinados en casa para descubrir lo que esa dulce celda significaba. Podría
entenderse, el confinamiento, como una cárcel para pensarnos a nosotros mismos y cambiar conductas o recuperar valores perdidos en la carrera por
el afán de lucro o de acumulación desmedida, del consumismo desbordado.
Encerrados
descubrimos que nuestros miedos,
estaban escondidos en la sobrevaloración
del individualismo a ultranza y su pareja inseparable, el egoísmo. En el
trasfondo el triunfo de lo individual sobre lo comunitario, social o
colectivo se convirtió en la palanca que
movía al capitalismo, al consumismo
autodestructivo.
No saldremos del confinamiento a rescatar al ser humano de
las garras afiladas de ese individualismo. No correremos levantando la bandera
de ningún colectivismo, comunismo o comunitario. Al descubrir que hemos
intentado, en distintos lugares, probar con todas esas formas y no lo hemos logrado, nos tocaría volver a pensar, para muchos es un
cambio hacia el pasado, un volver atrás para poder ver lo que el futuro no nos
deja ver.
Mirar atrás lo que
fue la política y la economía y claro está la
educación y rescatar aquellos valores que fueron poco a poco agotándose,
perdiendo su fuerza orientadora derrotados por al ambición desmesurada de
consumo y la acumulación y d esa extraña
pero dominante sensación que nos vendió la tecnología de estar ya en el futuro.
Emergieron temores sobre certezas que alimentaron por años una seguridad artificial,
optimista, en donde todo lo podíamos solucionar; que la vulnerabilidad en los países llamados
desarrollados era solo de unos pocos que
se no se habían trepado al tren del
progreso.
Descubrimos algo
sorprendente, si se quiere, aterrador: que el sistema era vulnerable. Que los
más fuertes y más ricos también lo eran. Que no eran unos pocos. Entendimos que estábamos
llenos de miedo que, como personas, no vivíamos solas, necesitábamos
de las demás para ser humanos. Que no
era suficiente con tener dinero en el banco y caminar unos pasos hasta un
cajero automático y retirarlo. Que las tarjetas de crédito no alcanzaban a garantizar la salud individual o de la
familia.
Descubrimos que los
mayores podrían morir, no por la edad alcanzada, sino que eran frágiles y que el sistema no los protegía. Pudimos ver cómo,
en grandes ciudades, descendían los
indicadores de contaminación, como volvían a ellas animales, aves que habían
desaparecido. Hubo señales que permitían
mantener cierto optimismo: estábamos confinados pero no desabastecidos.
El agua seguía fluyendo. Que la escasez estaba en los países en donde
siempre había estado. La miseria, el
hambre y la falta seguridad estaban
allí, pero que la desigualdad, que el virus había hecho
visible en algunos países del norte, era moneda corriente en grandes bolsas de
población de la gran mayoría de países del sur.
La pandemia ha quitado el velo y dejar ver con precisión lo
que nos deja la llamada globalización empujada con
entusiasmo y poca honestidad desde hace
ya unas décadas.
¿Podría pensarse la pandemia como un momento en la
historia de la especie para cambiar?
¿Pero por dónde empezar?
El mejor camino para
hacerlo sería pensar de nuevo los
llamados derechos humanos; si, aunque parezca descabellado. También es
necesario pensar toda la institucionalidad internacional y local que responden
por ellos. No tanto por el fracaso de estas últimas en la garantía de los
mismos, sino también porque ya hacen parte del sistema; para preservarlo, para
legitimarlo. Los países del mundo, casi todos, los han declarado la base
fundamental de sus constituciones pero, esos países, saben que unos tienen más
derechos que otros y que al final los derechos no provienen como decía Gandhi: del deber bien cumplido sino, más bien, del
poder bien establecido o si se prefiere: del poder bien armado.
Pensar de nuevo los derechos humanos obliga a rupturas con el
orden implantado, pero también con la vida misma y con algo que se ha vuelto
norma: hacer valer los derechos a través
del cumplimiento de una ley, o para ser más preciso: los derechos humanos se
han convertido en ley misma que no se cumple, que es imposible cumplir en el
marco del sistema político económico actual, llámese neoliberalismo o neo
conservatismo, o simplemente capitalismo.
Puesto en términos precisos: todos promueven su garantía en
medio de leyes que se burlan de los derechos humanos y amparados en instituciones internacionales y locales
ancladas en la defensa radical del propio sistema económico que los violenta,
transgrede, pauperiza y minimiza.
Esta situación no la provocó la pandemia, solo hizo visible
que, la vida para muchos, la gran
mayoría, era una vida vulnerable, débil
y sin futuro.
Con un salario mínimo o sin salario, en donde, el derecho al trabajo había
sido destrozado en el contrato a un mes
a dos meses, por la condena de la venta
ambulante único espacio laboral existente para
miles de millones de personas, por las maquilas creadas como espacios
semejantes a los gallineros donde
amontonan los pollos para el sacrificio, convertidos en espacios
de explotación de niñas, niños, mujeres. Todo
indica que prevalece el derecho a la explotación y la acumulación sin
límites por encima del derecho al trabajo digno.
Compartiendo la miseria en una vivienda mínima de 20 metros
cuadrados para familias de 5 personas en
hacinamiento y con riesgos de
violencia u obligados a usar el derecho a dormir en la calle. O habitar en
casas de cartón, al borde de
abismos y corrientes de agua que se
desbordan periódicamente. Muchos niños y niñas escapan a ese hacinamiento y a
las tensiones y violencia derivadas del mismo. Escapan de un espacio llamado
hogar que es el primer escalón del
patriarcalismo y fuente de donde beben
todas las violencias contra la mujer y la niña, el niño. Violados todos
sus derechos, hurtada su dignidad se
convierten en seres vulnerables sometidos a la crueldad y el abuso de la calle,
obligados a la limosna o al robo para
comer un pan o a chupar pegante como otra forma de escape de una realidad que
no quieren vivir, que los hizo impotentes ante la mirada ajena del poder.
Igualmente, el derecho a la alimentación convertido en
negocio para grandes intermediarios, reducido a una canasta básica sin dinero
para comprarla. Convertido en el derecho
a hurgar libremente en los basureros para comer. El derecho a comer
basura, sobras de comida, tirada a los tanques sin ningún tipo de bioseguridad.
La expresión menos humana de los derechos: comer basura en medio de la
opulencia y ser condenados como sospechosos por hacerlo.
La salud básica fue convertida en negocio para
laboratorios y largas colas de mala
atención para los pobres. Si, los
derechos humanos han sido convertidos en mercancías para empresarios rentistas,
los negocios de educación, salud, vivienda, alimentación y servicios públicos
son los más rentables y de menos riesgos empresariales.
Todos parecen acomodarse al fin último del reino del dinero.
Todo es pensado desde la silla crematística. La palabra solidaridad perdió
sentido en la maraña de abogados que dicen defenderlos. Los derechos humanos se
han convertido en una ideología acomodada a todo tipo instituciones políticas.
La voz de los políticos sonámbulos siempre hace eco del respeto que ellos dicen
tenerles pero producen leyes en
contravía. Delicadas sutilezas jurídicas para violarlos, defendiéndolos. Lo más
desafortunado de lo que nos sucede es la normalización del no cumplimiento o
violación de los diferentes derechos y la extraña idea de que los derechos hay
que pedírselos a los políticos, y es extraño, en tanto, se supone que estás
viviendo en un Estado de derecho.
Guillermo Solarte Lindo Pacifistas sin fronteras
domingo, 6 de marzo de 2022
El peligro de comer
Poco a poco se va estrechando de forma eficaz el cerco dominante del pensamiento prohibicionista o, lo que es lo mismo: aquel pensamiento que en su fundamento despliega el miedo como mecanismo de control. Antes, mucho antes el temor a Dios o al infierno hacía de nosotros sumisos y miedosos seres dispuestos a mucho para no morir en el pecado. Hoy en día, dos grandes corrientes de este pensamiento tienen un matiz casi religioso y sobrevuelan el planeta con el cartel de peligro y por lo tanto usando el miedo para garantizar su éxito.
Uno es el de aquellos que militan en la causa ambiental o en contra de la destrucción del planeta y que llenos de advertencias nos agobian con el calentamiento global, la capa de ozono, el agotamiento del agua, la desertificación planetaria. Son militantes del miedo a quedarnos sin donde habitar como especie o a morir abrasados por un sol cada vez más ardiente o duchándonos en una lluvia ácida que nos quitara la piel poco a poco y de forma irreversible. De esos ya hablaríamos luego, en otra entrada.
Es posible que el triunfo de esta contrarrevolución anti hedonista signifique la pérdida del placer de comer y, claro, la aparición de un ser humano que no podrá distinguir entre la acidez, la amargura o la dulzura y su paladar irá perdiendo la capacidad para disfrutar la infinita diversidad de sabores que se entrecruzan en la boca cuando mezclas vino carne o pan, queso o cualquier otra de las miles de posibilidades que tenemos al cocinar en ese laboratorio de la alquimia de la dicha que es la cocina.jueves, 12 de agosto de 2021
Cosas claras: queremos el chocolate, no mas miermelada
Uno: Las movilizaciones sociales del 21 N, el 28 A y el 19 M y las que vienen se conectan y se alimentan de sí mismas. Se entrelazan con lo que está sucediendo en el mundo desde hace ya unos años y responden a un mismo sentimiento: la indignación con el poder, con la política, con la democracia.
Dos: Colombia es un escenario de violencias múltiples originadas en la inmensa desigualdad, la impunidad, la corrupción, la ilegalidad y la desconexión de los políticos con esa vasta diversidad que marcha y cuyo sentimiento puede estar sintetizado en una de los carteles que acompañaba la movilización: Nos robaron hasta el miedo.
Tres: El gobierno pareciera haberse puesto la mascarilla en los ojos. No sólo utilizando la fuerza sino que, también, produjo una paradoja que no sabe qué hacer con ella: ha impulsado la indignación de muchos que sin estar en la marcha la apoyan. ¿Acaso piensa que los jóvenes que marchan no tienen hermanas, madres, abuelas que sus lazos de afectos terminan cuando salen de casa?
Cuatro: Las madres, padres, abuelas, abuelos, saben que allí están sus hijas, sus nietas, sus sobrinas jóvenes buscando nuevas formas de hacer la política, de cambiarla. No se ha dado cuenta el gobierno ni los políticos de ambos lados de la grieta que las cosas no volverán a ser lo mismo y, quizá por esa razón, su insensatez se dirige a destruirlas.
Cuatro: El monopolio de la información dejó de estar en manos de los empresarios que compraron los medios. Como afirmó uno de ellos al comprar El Espectador: “Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y dispara” ¿y que están disparando los medios en este momento?
Cinco: Las movilizaciones muestran que cada indignado tiene un medio en la mano y que su capacidad para registrar los hechos de forma directa y divulgarlos masivamente, en vivo, establece una cadena de solidaridad con los que son objeto de violencia y de rechazo con los que producen esa violencia. Los titulares de los grandes medios pierden fuerza. La batalla de la comunicación sobre las movilizaciones la perdió el poder; se avecina la muerte de los medios como organización empresarial estructurada para divulgar información y construir opinión.
Seis: La falta de comprensión de lo que sucede, por parte del poder, enfoca tanto las críticas como la represión de forma equivocada. No podría alguien explicarle que mucho más que un estallido o una explosión cultural que ya cambió muchas cosas, es una revolución cultural que no puede ser negociada. Que no necesita ser negociada con el Estado. Alguien le puede explicar al poder que está usando la violencia contra si mismo?
Siete: Los políticos intentaran, en las próximas elecciones, domesticar las movilizaciones. Buscaran, en sus discursos, promover la idea de renovación o construcción de la democracia. Reformas políticas que, en sus manos, solo servirán para reproducir, empeorando la situación. El electoralismo se ira autodestruyendo, desmantelándose así mismo, pisando sus propias minas explosivas. Buscando pactos imposibles, llenos de mentiras para conducir a la ciudadanía al dilema falso de siempre: votamos por este o contra este.
Ocho: Las reformas tributarias con fin redistributivo son una farsa .Cada año, los políticos escondidos en sus curules como en la trinchera de la corrupción, reparten el presupuesto, se ríen de la ciudadanía. Saben que tienen un conducto legal y secreto por donde se escapan los recursos y retornan a quienes aprobaron la reforma.
miércoles, 9 de junio de 2021
Uy Festival, festival del miedo, Teusaquillo sin miedo
Este año vuelve el Uy Festival, festival del miedo,
Hablaremos de la pandemia, del miedo de los niños, del
feminicidio, de los jóvenes en marcha, siete circulos del miedo, en siete puntos de la localidad. Sera trnsmitido en vivo por Facebook live
Presentaremos la encuesta sobre el miedo en la localidad, Los arboles del miedo desarollados en 7 lugares, el resultado del concurso de fotografia,
Los miedos que nos acechan
· No es fácil ser valiente. Tampoco es fácil esquivar los miedos que nos acechan, que los acechan. Aquellos miedos que nos han acompañado por años. Por noches. Los que muchas veces, convertidos en pesadillas, no nos dejan tranquilos. Desde el miedo a levantarnos cualquier mañana hasta el miedo a la muerte súbita. El miedo a la amenaza. A ser asesinado por pensar, por hablar, por rebelarse. El miedo al hambre, a perder el trabajo, a la enfermedad. Al latir acelerado del corazón.
· Miedos que hacen de nosotros seres vulnerables. Tantas veces despojados por la fuerza de lo poco que tenemos. Tantas veces declarados enemigos sin motivo alguno. Tantas otras convertidos en verdugos del amigo. Somos frágiles seres que nacemos con miedos que poco a poco dominamos y otros que se convierten en obsesiones permanentes, en fobias irracionales, incomprensibles.
· El miedo a ser víctima de los violentos. El miedo a la catástrofe a punto de suceder. A ser traicionado. El miedo a la cárcel y a la libertad. A la frágil felicidad y a la desgracia. A los fantasmas de la noche que no nos dejan dormir. El miedo al exilio y al no retorno. A la sospecha, al dedo que nos señala, al sicario, al ladrón, al jefe, al profesor, al policía, al paramilitar, al guerrillero, al soldado. A que te declaren sospechoso o cómplice. El miedo a la guerra, al enemigo, a las masacres. A las minas asesinas. A los autoritarismos de todo tipo. A las dictaduras de todo tipo.
martes, 20 de abril de 2021
De qué hablamos cuando afirmamos que algo está pasando
El mundo actual es ante todo un escenario de conflictos y por lo tanto un escenario político. Su más fuerte característica es el dominio de un sólo modelo de vida que respaldado por la fuerza militar más grande que ha existido en la historia, se expande de forma permanente ampliando sus fronteras y eliminando opciones hasta reducir el horizonte de todos a una sola forma de sociedad: aquella que pretende conjugar a la perfección la democracia liberal y el mercado, como fuentes de la igualdad, la libertad y el desarrollo de las naciones. El acomodamiento de esa fuerza en la época de crisis arrastra no solo a la economía sino también la política.
La militarización de esta ultima viene acompañada de medidas económicas dirigidas a subsanar la crisis provocada por la ambición de unos pocos y la fragilidad del sistema para controlar los desvíos o las dinámicas perversas y corruptas nacidas de lo que los adalides del sistema no identifican como libertinaje empresarial. Pero este triunfo de una sola versión del ideal político no pervive ajeno a la frustración de muchos con las opciones que desde el otro lado, la izquierda, llegaron al poder por el camino de las revoluciones. Tampoco es ajeno a la inmensa capacidad de los países de la órbita capitalista para vender su modelo como el único capaz de conducir el planeta entero por el sendero del desarrollo. O quizás, tampoco lo es a la incapacidad creativa de los que se oponen a pensar por fuera de la idea dominante.
Triunfa la idea o si se prefiere la ideología del mercado también de la mano de que las crisis irán apareciendo sin poder evitarlo. La periodicidad de las crisis también se acepta como una desviación del modelo. ¿Pero todos sabemos que el ajuste de la crisis en Estados Unidos deber ser compartida aunque las ganancias de la mayor economía no se repartan? ¿Qué tan cierta podría ser la analogía con aquella idea ambientalista de que el aleteo de una mariposa podría producir un ciclón en otras partes?¿La emisión de un dólar por el banco central de USA produce un maremoto en las economías más débiles?
Ahora, la tensión que en algún momento tomó nombre de Guerra Fría y evolucionó hasta lo que se llamó La Caída del Muro, desapareció paulatinamente en medio de la más exitosa propaganda que logró eliminar de tajo la pluralidad política, creando una idea de centro en el que todo cabe y un escenario mundial dominado por la inevitable globalización. ¿Qué tan posible sea que se construya otra guerra fría que permita un cierto equilibrio favorable a occidente ante la potencia China? Pero si la idea política que domina es el centro, la idea geopolítica es la existencia de un Norte altamente desarrollado y democrático, y un Sur que se balancea entre el autoritarismo y la pobreza, la fragilidad del Estado y su impotencia ante la fuerza de lo ilegal.
Pero ¿es el centro una abstracción política o solo el dominio de las ideas conservadoras que al ser puestas en el mercado político como el equilibrio renuevan su capacidad para captar electores? Estas imágenes de la política son mundiales y Colombia no escapa a ellas. Están presentes y son de fácil identificación. En general la tesis que podría surgir de este libro tiene dos grandes y seguramente, frágiles columnas: uno, 11 Política para camaleones la política, que fue en su momento ideología se ha transformado en imagen. Y dos, hoy en día la política es, antes que nada o por sobre todo, comunicación. Comunicación de una ilusión, de una promesa, de un discurso. Comercialización eficaz de una expectativa. En general, en un plano mundial, la política se relaciona de manera estrecha con la idea de un mercado: de información, de votos, de ideas, de mensajes, de íconos, de imágenes, de influencias, de espacios mediáticos. Si la sociedad es una plaza de mercado, la política es uno de los productos que circulan con mayor intensidad, y ella es lenguaje de comunicación entre ciudadanos y de estos con políticos, instituciones y el Estado.
Un lenguaje de transacciones, un lenguaje estratégico, un lenguaje común, ese es el propósito último de la política actual: que todos hablemos lo mismo. Los medios y con bastante fuerza Internet cumplen con eficacia ese propósito. Algunas señas, pesimistas para unos, optimistas para otros, muestran que la sociedad transita hacia una cibersociedad, y que en ese ciberespacio suceden los cambios culturales más fuertes de la historia humana. Cambios políticos, económicos, sociales pero sobre todo culturales. Internet es de alguna manera la ruta hacia la utopía tecnocrática. ¿Sera algo así como la imprenta en su época? Alguien diría, seguramente, un intelectual periodista o un periodista publicista, que la historia no ha muerto que se hace virtual y así, sobre esta frase se escribiría el próximo best seller. Esa virtualidad o digitalización ¿no es acaso una consecuencia previsible de lo que es la tecnologización de la vida?
La política, y con algo menos de candor, el discurso, se difumina en frases de impacto, se hace en eslóganes publicitarios que producen en el hombre y la mujer de la calle el resultado esperado por los que son titiriteros de la sociedades actuales: los publicistas. Ágiles hombres de negocios que todo lo que tocan lo vuelve producto. Inteligentes profesionales de la reducción impuesta por los espacios mediáticos. Si no se puede decir en una frase es innombrable. La razón: para el mercado es demasiado costoso. Este gran mercado es asimismo un espacio de confrontación en donde, todavía hoy, la palabra es, en general, el arma utilizada. La palabra hecha promesa, la palabra hecha mentira, la palabra hecha información y por lo tanto bien de consumo.
También se trata de la política como sistema, es decir, de la democracia como régimen único, pero en el caso de Colombia, se presenta como idea central la postergación continua, histórica de esa democracia. O lo que podría llamarse la ilusión democrática como escena política y las razones o estrategias que han sido utilizadas para hacer del régimen político un escenario en donde la política es la música para los camaleones. El escenario político colombiano y también el latinoamericano da señales para el desarrollo de una democracia sin partidos o lo que podría parecer menos dramático: una democracia de movimientos que construidos desde los intereses de la ciudadanía renueven y acerquen la política a la vida diaria y a la solución de los problemas que agobian a la población. Si esto es así la pregunta que salta a la vista es ¿cuál es el papel de las organizaciones políticas tradicionales, de izquierda y derecha en ese escenario?
Rota la idea de un partido único de dos cabezas no podemos transitar felices hacia el fragmento? Aunque, es cierta la idea expuesta por Daniel Bell citado por Anthony Giddens en el 2002, de que «en la época contemporánea, las naciones se han vuelto demasiado pequeñas para resolver los grandes problemas, y demasiado grandes para resolver los pequeños» también es cierto que existen diferencias sustanciales entre las naciones del sur y las del norte. La brecha de pobreza ha ampliado la tecnológica y científica y el intercambio desigual entre estos es cada vez más acentuado. La política no puede ser la misma en el sur o en el norte, en oriente u occidente, el sistema político no puede ser el mismo, el modelo no puede ser el mismo. La democracia no puede ser la misma. Tampoco la sociedad y claro menos aun el Estado. Políticamente el mundo es un escenario de desigualdades y, lo que algunos entienden por sueño democrático, es algo que puede fácilmente convertirse en una pesadilla que no alcanzamos a entender. Las últimas guerras en defensa de la democracia parecen la más cínica de las paradojas. Todavía no se encuentran razones, al menos democráticas, para arrasar un pueblo o cultura en defensa de ideales de libertad e igualdad.

