sábado, 17 de junio de 2023

La muerte de los medios ¿ un proceso auto destructivo?

La historia de los medios en Colombia, también en gran parte del mundo, ha estado siempre en estrecha relación con el poder. Son parte del poder y como tal defienden intereses, promueven ideologías, venden opinión y son elementos claves de la construcción política de la realidad. Como instrumentos políticos se ubican en el espectro que va de derecha a izquierda pasando por el centro. En general se afirman demócratas ya que no serlo sería su muerte económica definitiva. Todos tienen su propia visión de la democracia, algunos abren sus puertas a la opinión radical o contraria a ellos mismos expresada en columnas de periodistas, intelectuales y gente de la farándula que tiene su propia clientela. Clientes que suelen comprar o suscribirse a los medios buscando lo que se ha dado en llamar grandes plumas, intelectuales famosos convertidos en líderes de opinión que, al hacer parte de un medio, ayudan a crear esa ilusión democrática en la que hemos vivido por largos años. Esas grandes plumas son, en muchos casos, otro poder dentro de ese poder mediático. Son columnistas o periodistas de éxito con una gran capacidad de atracción de lectores/ clientes, lo que se convierte en un buen negocio para el empresario y mejora la percepción ciudadana sobre la existencia de la libertad de prensa. Pareciera que la tarea asumida por los medios es legitimar el régimen a través de mejorar esa percepción. En Colombia la prensa escrita y también la Tv y la radio nacieron arropados por el bipartidismo, liberales y conservadores, de la mano de familias, crearon periódicos y sirvieron de soporte ideológico político de los partidos y de su propaganda. Fueron cajas de resonancia de las ideologías políticas dominantes, es decir, del bipartidismo liberal conservador, como ideal democrático. Izaron la bandera de su propio independentismo como adalides de la libertad de opinión, libertad de prensa y la defensa del medio de comunicación como libre empresa. Los llamados diarios o medios independientes fueron en su momento una ilusión democrática. Ahora esa bandera del independentismo mediático ondea en las puertas de las grandes empresas o conglomerados empresariales dueños de los medios. Ya es aceptado, en el establecimiento, en el poder, que la información es un bien de consumo y, en tanto lo es, de lo que se trata es de vender noticias, sean falsas o no, o convertir la opinión en noticia, es decir en verdad. Los periodistas y muchos de los columnistas de opinión sostienen la legitimidad del medio y potencian su credibilidad como empresa. La veracidad de lo que afirman se esconde, muy bien escondida, en la relaciones del medio con el poder, con los poderes. Se sabe que la información bien manejada da un inmenso poder al propietario de medios. De eso hablaba el multimillonario colombiano Julio Mario Santodomingo cuando expresó al comprar El Espectador: “Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y dispara” Pero ¿que disparan los medios para que su fuerza y poder sean tan deseados por el empresariado? Disparan información de todo tipo y son un centro de investigación permanente, en donde, los resultados de esa investigación pueden ser utilizados a favor o en contra de la ciudadanía que se moviliza, pero también de los otros poderes, controlándolos bajo la amenaza del escándalo; disparan mentiras en medio de verdades lo que da a las primeras credibilidad. Crean y recrean escenarios favorables a políticos, productos, empresas y son una indescriptible trama de ilusiones y desilusiones, de odios y amores, de aprecios y desprecios. Han creado los monstruos políticos, los han ensalzado y les han puesto sonrientes máscaras para tapar la corrupción muchas veces ligada a ese empresariado dinámico que compra los medios de comunicación. Los medios empresariales parecieran tener pactos secretos, líneas o territorios vedados, túneles oscuros por donde está prohibido pasar. Es un hecho que no publican la relación de las empresas de su conglomerado con la contratación estatal o con el sector financiero, uno de los mayores beneficiarios de la verdad oculta. En este caso específico, se tapan unos con otros. Promueven miedos y desde allí orientan a la población; son los mediadores del miedo que los distintos enemigos políticos y económicos utilizan para su beneficio. Introducen en la vida del país conceptos, significantes que hacen circular para beneficiar a sus aliados políticos. Hacen rodar los dilemas falsos creados por los políticos en tiempos electorales y promueven con ellos la confrontación, dilemas como: comunismo o libertad o castrochavismo o democracia son potenciadores del fanatismo bipolar que teje, con nada de sutilezas, una muñida telaraña de fanatismo que alimenta la rabia como sentimiento clave para decidir tu voto. Son lo que Umberto Eco llamó: la máquina del fango. Una muy bien aceitada máquina que funcionaba a la perfección hasta hace muy poco y que, atenta a su futuro, intenta entrar en el territorio virtual con estrategias de digitalización innovadoras pero sin la intención de desprenderse del poder económico. El poder económico enlaza digitalización, información, innovación como estrategia de colonización de la red. Si usted es extranjero y lee los titulares de los medios de Colombia puede llegar a pensar que es un país bien gobernado y que si hay miles o cientos de miles de crímenes, los que gobiernan no son los responsables, que tal responsabilidad es de un pequeño grupo de criminales que no puede ser atrapado, sin decir que no se logra, aun teniendo una de las fuerzas armadas más grandes de América Latina, y uno de los países que más gasto militar/policial tiene del continente. El asunto de la militarización del país, la asignación de un inmenso presupuesto para unas FFMM de cerca de 500.000 hombres, desmesurado para lo que hace, no es nombrado en los medios. Tampoco la forma como poco a poco se ha militarizado la política y de qué manera esa militarización ha significado una alianza de los políticos con el poder militar que ha destrozado la confianza de la población en lo que se llamaba la fuerza pública; ahora convertida en una fuerza militar y policial comprometida en asuntos como los falsos positivos o la muertes de manifestantes, tragedias que nacieron en decisiones políticas, en órdenes dadas por superiores civiles que juegan con el país escondidos en su impunidad. Pero, la neutralidad de los medios viste, con traje de camuflaje, toda la responsabilidad que los distintos poderes tienen en la dura violencia que arrastra el país. Los medios han hecho parte directa en la construcción de una versión distorsionada de la realidad, del conflicto. Sería un aporte para la Comisión de la Verdad que asumieran la responsabilidad y contaran lo que no quisieron contar. Lo que silenciaron para beneficio de sus aliados políticos y económicos. El agujero negro de la corrupción no podrá ser solucionado si, la relación entre poder económico y poder político, no se desteje con la información verdadera sobre lo que acontece en esa fatal correspondencia entre empresariado, contratación pública y políticos. No es despreciable la responsabilidad, que tienen los medios de comunicación, en otros órdenes de la sociedad colombiana para: inducir patrones culturales que van en contra de vida misma, como el odio; promover el consumismo de los productos de las empresas propietarias de los medios, en aras de que, “no importa lo que consumas, mientras sea bueno para la economía”, como los alimentos transgénicos; la promoción del crédito y o la llamada “bancarización” a altas tasas favoreciendo al sector financiero; ellos mismos, los medios, son empresas privadas en donde se fortalece el patriarcalismo, la corrupción y la aceptación de la violencia como una forma de hacer política. Ahora ya han dejado de promoverse como independientes, la mal llamada neutralidad es el banderín tricolor de su autopromoción: compiten recreando polémicas falsas entre contrincantes, fanáticos de algún líder, arduos combates verbales entre políticos o entre intelectuales mediáticos con el solo propósito de vender opinión, generar público a partir de la confrontación entre bandos. Son el territorio de confrontación, de la continua y vulgar mentira electoral. Divulgadores de dilemas falsos elaborados por sagaces halcones de la publicidad, de las encuestas orientadoras de la opinión, de tendencias disfrazadas que promueven miedos que favorecen a unos empresarios y derrumban a otros. Para los medios, si hay más ira, si hay más odio entre líderes habrá más garantía de éxito. Muchos periodistas cumplen con rigor la tarea asignada por el medio, formatos de programas radiales y televisivos para provocar la confrontación, la batalla verbal, la ofensa directa, personal al corazón del otro para que ese otro estalle. Es algo así como extraer el jugo más amargo de las naranjas podridas y obligarnos a beber de ese jugo hasta hacernos pensar que no hay otro. La memoria nos dice que, en Colombia, los Cano crearon el primer periódico, El Espectador; un poco más tarde los Santos deciden crear la caja de resonancia más grande de la historia del país, el Tiempo, Nace después el Siglo de los Gómez, La Prensa de la casa Pastrana que fracasa en medio de su generosidad verbal. Las distintas familias de las regiones no se quieren quedar atrás y surgen, El Colombiano de los Gómez, el País de los Lloreda, la Vanguardia Liberal de los Galvis. La revista Alternativa creada por los alternativos de los medios sucumbe como propuesta social demócrata crítica y cierra por la mala administración. La Voz, que pareciera querer recuperar el sentido de la comunicación de izquierda se embadurnó con el paleo marxismo y quedo reducida como las demás a propaganda. La dinámica actual no cambia demasiado, los medios son de empresarios, o grupos empresariales familiares: Santodomingo, Ardila Lule, Gilinski, Sarmiento Angulo. Se ha producido un, tránsito de familias ligadas a la política a familias ligadas al capital privado. El negocio por encima de la verdad o como afirma Ryszard Kapuscinski “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.” Este proceso o transito ha significado un paso a la autodestrucción de los medios como espacios de garantía del derecho a la información, también como empresas privadas ligadas estrictamente a una ideología política, liberal o conservador, a empresas ligadas a unos intereses económicos y siamesas del neoliberalismo que acoge en su seno al viejo bipartidismo rojo y azul. Desde el origen, los medios, cargaron con banderas rojas y azules la comunicación que se llamó de masas y, en adelante, todos fuimos informados como eso, como masa, no como ciudadanos; como habitantes de un territorio fuimos empujados por estas empresas a ser sumisos de la información que emanaba desde el poder bicolor, con el lenguaje que ellos hablaban y que, por lo general, era lenguaje importado, traducido desde los ideales de una democracia liberal que fue convirtiéndose, de la mano de los medios, en el imaginario demo populista que orienta esa amalgama pegajosa en la que se transformó la política en Colombia, que pasó del bipartidismo a un falso poli partidismo compuesto por 5 derechas, hijas descarriadas de liberales y conservadores y una izquierda enclenque que entra y sale del parlamento como si ese fuera su destinito fatal: ser minoría para siempre. Algunos medios se bambolean de un lado a otro giran a la derecha o a la ultra derecha. Le cantan loas al centro pero con una mano toman al candidato de derechas y con la otra al de la izquierda, apostándole a los dos para garantizar su propio triunfo. Un análisis de las páginas de opinión marca como practica una orientación gobiernista, pro USA, militarista y pro establecimiento. Buscan conciliar con la ciudadanía crítica, protagonista de las movilizaciones, con columnas light de animalismo, feminismos, lgbti, ambientalista o pro derechos sin mostrar nunca el lado radical y contrario al poder que tales movimientos tienen. El comienzo del fin Un fenómeno que se ha producido parece ser el anuncio del comienzo del fin: las redes, INTERNET, han provocado algo cuyo alcance aun no lo sabemos: algunos llamados influencers transitan de la red hacia los medios o de los medios a la red atraídos por la relación inagotable entre ambos: red/medios. Los influencers alcanzan a ganar cifras que están muy por encima de lo que gana un columnista de prensa o periodista de televisión. También son tentados por los políticos para hacer parte de su estrategia de ampliación de fans. La característica principal de una gran mayoría de influencers es golpear las emociones como una estrategia para ampliar seguidores y con esto los ingresos. Algunos parecen ser el triunfo de la estupidez, otros la decadencia de la cultura, o la expresión misma de ese tránsito que se está produciendo de columnista de opinión a influencer o youtuber. Pero también el tránsito de periodista ligado a un medio con intereses con el poder a periodista libre que trabaja fuerte por tener su propio espacio, sus propios suscriptores, sus propios lectores. Hay que destacar una diferencia que la red, en sí, no es propiedad de un solo empresario y todavía hoy existe una cierta libertad que abre las puertas del optimismo y también la de peligros poco conocidos. El optimismo nace de la posibilidad de la acción directa, sin mediaciones y con ello de divulgación de información de cada grupo o movimiento y también de realización de campañas diversas que van desde los animalistas, feministas, veganos o ecologistas que dan la sensación de que la red aun es libre. Se produce una extraña percepción de que lo emitido pueda llegar a tener un alcance mayor que el de un medio impreso como El Espectador, El Tiempo o Semana. Y lo tiene. Siempre estuvo claro que la crítica podría ser amplia, pero nunca dirigida de forma directa contra el propietario, o contra los que pagan la pauta publicitaria. Si alguna diferencia existe entre los medios de hace unos años y los actuales es ese giro radical hacia una derecha absurda emparentada con el trumpismo y la mentira, giro que, en nuestro caso, se hizo evidente en la Revista Semana de donde salieron en desbandada los columnistas que garantizaban lectores e imagen democrática a ese medio, produciendo un rechazo de gran parte de sus lectores por la nueva orientación. INTERNET cambió la dinámica y plantea un gran dilema al periodismo libre: participan en el proceso de legitimación de los medios del poder o luchan por hacer de la red un territorio de la comunicación libre, de la ciudadanía. Es realidad que algunos, mujeres y hombres, han encontrado en la red la libertad que los medios le negaron. O para ser más preciso, el espacio de trabajo en donde su oficio puede recuperar la legitimidad perdida en las empresas privadas dedicadas a vender información, opinión y ocio. Se está produciendo un fenómeno muy interesante de ocupación de la red por parte de los periodistas que son expulsados de los medios o que renuncian obligados por la derechización solapada de los medios, ahora empresariales. De la revista Semana saltaron a la red los columnistas que daban a esa publicación el carácter de demócrata: Daniel Coronel, María Jimena Duzán, Daniel Samper Ospina entre otros. Lo hicieron mostrando con claridad que ellos tenían sus propios lectores. Su alcance es grande, su fuerza crítica no ha disminuido y podría decirse que su público ha aumentado. Han alcanzado un nivel de interacción con los lectores que antes no tenían. María Jimena Duzán ex Semana tiene ya en su canal de you tube 311.000 suscriptores, Los Danieles 151.000 mil, Tercer canal con 337.000 suscriptores, Canal 2 113.000, Café Picante 141.000 mil, casi todos han logrado superar las 200.000 vistas en su mayor alcance. La Pulla ligada a El Espectador 1.340.000 suscriptores que en algunos de sus videos ha alcanzado más de 2. 500.000, Juanpis González con 2,100.000 de suscriptores y algunos videos con más de 500, 600 mil vistas. Noticias Uno de la Red Independiente que acudió a la financiación con aportes de la ciudadanía alcanza 1,220.000 de suscriptores en su canal de You Tube Pasamos así mismo de tener dos o tres canales de televisión a más de un centenar, De tener dos o tres noticieros de televisión a escoger entre una gran diversidad en el propio idioma y otro tanto en inglés, francés, italiano o alemán. Sucede lo mismo con la prensa escrita, cientos de periódicos están disponibles en la red con sus titulares sobre el acontecimiento de tu interés. El campo de lectura se ha abierto y puedes elegir que leer, o confrontar la manera como los medios internacionales divulgan la noticia, por ejemplo, de las marchas en Colombia, en Chile, en España, en el mundo. You Tube ya se convirtió en una nueva forma de ver televisión. La dinámica digital crece, la interacción periodista ciudadanía aumenta. ¿Aumenta de este modo la libertad? o ¿solo cambian los mecanismos de control? ¿La manera como el poder quiere ocupar la red, poniendo sus propios límites, producirá un estancamiento de ese camino a la libertad de expresión que se construye? ¿Se puede controlar la publicación de todo el material producido en las marchas por los millones de aprendices de periodistas que transitaron por la calle con ese dispositivo que da poder a la ciudadanía para contarlo todo sin filtros? ¿Es libertad de expresión publicar una noticia de una fuente anónima? ¿Son los medios un tribunal pagado por la publicidad que juzga y castiga de forma paralela al sistema de justicia? ¿Es el mejor periodista el que acumula las pruebas, las divulga, emite juicios y condena? La dinámica de medios, comunicación, redes muestra que la tecnología es un soporte mas para que los medios y los periodistas no solamente creen un mercado de información rentable sino también vendan con éxito que ellos tienen la verdad en sus bolsillos. ¿Podría acaso convertirse el celular en un arma para la nueva guerra: la de la comunicación, es decir, la de la mentira contra la verdad o, ¿la del hecho contra la interpretación del mismo? Esa guerra se produce en el territorio virtual y se hace con palabras, con imágenes, con videos. ¿Es esa guerra es una batalla entre medios empresariales y periodistas libres? o será ¿el proceso de construcción de una inmensa red de periodismo libre que lucha por recuperar el oficio y que podría debilitar al cuarto poder en manos del empresariado y sus intereses? El escenario cambió y también los titulares que orientaban la opinión hacia un grupo empresarial u otro, hacia un político u otra, hacia un tipo de democracia u otro. El fin de los medios tradicionales, su ocaso está cerca. Pero con la red podría suceder lo que sobre la televisión dijo en su momento la actriz Bette Davis: “La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán.”

lunes, 19 de septiembre de 2022

Dios salve a la vaca

 Dios salve a la vaca

Es bueno partir de una realidad concreta: a ti no te torean, pero te matan. Te reducen a doméstica y existes en la medida en que sirves al amo con tu muerte.

Además de animal doméstico, hemos hecho de ti un animal explotado, como ningún otro. Te usamos para fabricar zapatos, carteras, correas, y hay gente que adorna el piso de su sala con tapetes de tu piel. No existe en el reino animal uno que sea más cruel con otro que el ser humano contigo

Contigo todo es permitido, ya no eres un animal, no alcanzas a serlo. Te hemos convertido en un producto multiuso. Una casa sin ti sería un espacio de desnutridos: sin tu leche, sin tu queso, sin tu mantequilla. No contentos con exprimirte, te comemos.

 Las cartas de los llamados mejores restaurantes son más suculentas en la medida que ofrezcan diversas formas de cocinarte. Hemos llegado a desearte de tan  distintas y  diversas maneras que no nos da vergüenza cuando el camarero con una sonrisa cínica nos pregunta: ¿cómo la desea? Muy asada, medio asada, tres cuartos o casi cruda.

Si, así, nos referimos a ti convertida en filete, churrasco o steak. Hecha pedazos. Hemos creados lugares en donde te venden dividida en nombres extraños para ti, pero que, según eso que llaman cultura, te hace más apetecible.

 En esos almacenes que llamamos carnicería puedes escuchar diálogos sobre ti hechas trizas: esa parte es más blandita, esta otra es más jugosa, aquella es buena para asar, aquella está madurada. Cuando estamos en esos sitios tu imagen de animal bueno se ha perdido. Hay parte de ti que tiene un precio más alto y tu hija la ternera es muy apreciada en algunos países. Carne más tierna dicen algunos.

Es tanta la cantidad de vacas que matamos que hemos aceptado la industrialización de tu muerte. Hemos perfeccionado, con el mayor de los cinismos, lo que algunos llaman: la muerte sin dolor. Pero lo hemos hecho, no para evitarte el dolor, sino más bien, para evitarnos la vergüenza de producir ese dolor a un animal tan bello y así comerlo con tranquilidad.

Pero tú eres vaca y te hemos reducido a lo que queríamos: un animal cuya única razón de existir es ser comida. Ser el alimento de glotones que afinan con miles de recetas las formas de cocinarte.  Tus inmensos y bellos ojos dejan ver que eres una inocente condenada. Prohibir asesinarte y comerte sería más difícil que prohibir las armas.

 Eres un ser sin defensores, ni siquiera aquellos que dicen ser vegetarianos han enfrentado una defensa seria de tu derecho a vivir. La carne es mala, dicen unos, pero no es una condena radical a los 4 millones de hermanas tuyas que asesinamos en Colombia cada año en un festín de sangre macabro, pero oculto y silencioso. Hay una defensa radical del toro convertido en fiesta en cada fiesta celebramos asándote  

La muerte tuya no es un crimen. Ya es parte de la cultura, es decir de la economía. No alcanzo a imaginar la existencia de un movimiento radical a favor de tu vida. Un movimiento que te convierta en víctima y te declare patrimonio animal de la humanidad.  Mientras tanto continuaremos asesinándote legalmente y en las ciudades seguirá abiertos lugares que llamamos mataderos, ahora con anestesia.

 

Guillermo Solarte Lindo

Pacifistas sin fronteras

jueves, 26 de mayo de 2022

SoloArte Lindo: Post encierro, el derecho a tener nuevos derechos

SoloArte Lindo: Post encierro, el derecho a tener nuevos derechos:   Tengo la extraña sensación de timo, de fiasco     con la palabra post,   sobre todo en épocas de crisis, es decir casi siempre. En gener...

Post encierro, el derecho a tener nuevos derechos

 


Tengo la extraña sensación de timo, de fiasco   con la palabra post,  sobre todo en épocas de crisis, es decir casi siempre. En general suena a promesa incumplida, a un escenario al que no se puede llegar. No es utopía ni distopia. No es un extremo, ni el otro. Acaso, algo así, como la normalidad renombrada como nueva; la mentira de siempre matizada, escondida en el laberinto de la neo política. Pero también podría ser una señal de cambio o de recuperación  de los valores perdidos. O de revolución de las formas de vida.  Todo depende de nosotros mismos.

El Post encierro o post virus, como lo prefieran nombrar podría  ser un descubrimiento de lo que  somos como individuos y que estaba oculto en las rutinas del mismo sistema. Estábamos presos de una  ilusión y fuimos confinados en casa  para  descubrir lo que  esa dulce celda significaba. Podría entenderse, el confinamiento,  como  una cárcel para pensarnos  a nosotros mismos  y cambiar conductas o  recuperar valores perdidos en la carrera por el afán de lucro o de acumulación desmedida, del consumismo desbordado.

Encerrados  descubrimos  que nuestros miedos, estaban  escondidos en la sobrevaloración del individualismo a ultranza y su pareja inseparable, el egoísmo. En el trasfondo el triunfo de lo individual sobre lo comunitario, social o colectivo  se convirtió en la palanca que movía al capitalismo, al  consumismo autodestructivo.

No saldremos del confinamiento a rescatar al ser humano de las garras afiladas de ese individualismo. No correremos levantando la bandera de ningún colectivismo, comunismo o comunitario. Al descubrir que hemos intentado, en distintos lugares, probar con todas esas formas y no lo  hemos logrado, nos tocaría volver a pensar, para muchos es un cambio hacia el pasado, un volver atrás para poder ver lo que el futuro no nos deja ver.

Mirar atrás  lo que fue  la  política y la economía y claro está la educación  y rescatar aquellos  valores que fueron poco a poco agotándose, perdiendo su fuerza orientadora derrotados por al ambición desmesurada de consumo  y la acumulación y d esa extraña pero dominante sensación que nos vendió la tecnología de  estar ya en el futuro.  

Emergieron temores sobre certezas  que alimentaron por años una seguridad artificial, optimista, en donde  todo lo  podíamos solucionar;  que la vulnerabilidad en los países llamados desarrollados era solo  de unos pocos que se no  se habían trepado al tren del progreso.

 Descubrimos algo sorprendente, si se quiere, aterrador: que el sistema era vulnerable. Que los más fuertes y más ricos también lo eran. Que no eran unos pocos. Entendimos  que estábamos  llenos de miedo que, como personas, no vivíamos solas, necesitábamos de  las demás para ser humanos. Que no era suficiente con tener dinero en el banco y caminar unos pasos hasta un cajero automático y retirarlo. Que las tarjetas de crédito no alcanzaban  a garantizar la salud individual o de la familia.

Descubrimos  que los mayores podrían morir, no por la edad alcanzada, sino que eran frágiles y  que el sistema no los protegía. Pudimos ver cómo, en grandes ciudades,  descendían los indicadores de contaminación, como volvían a ellas animales, aves que habían desaparecido. Hubo señales que permitían  mantener cierto optimismo: estábamos confinados pero no desabastecidos. El agua seguía fluyendo. Que la escasez estaba en los países en donde siempre  había estado. La miseria, el hambre y  la falta seguridad estaban allí,  pero  que la desigualdad, que el virus había hecho visible en algunos países del norte, era moneda corriente en grandes bolsas de población de la gran mayoría de países del sur.

La pandemia ha quitado el velo y dejar ver con precisión lo que nos deja    la llamada globalización empujada con entusiasmo y poca honestidad desde  hace ya  unas décadas.

¿Podría pensarse la pandemia como un momento en la historia  de la especie  para cambiar?  ¿Pero por dónde empezar?

 El mejor camino para hacerlo sería  pensar de nuevo los llamados derechos humanos; si,   aunque parezca descabellado. También es necesario pensar toda la institucionalidad internacional y local que responden por ellos. No tanto por el fracaso de estas últimas en la garantía de los mismos, sino también porque ya hacen parte del sistema; para preservarlo, para legitimarlo. Los países del mundo, casi todos, los han declarado la base fundamental de sus constituciones pero, esos países, saben que unos tienen más derechos que otros y que al final los derechos no provienen como decía Gandhi:  del deber bien cumplido sino, más bien, del poder bien establecido o si se prefiere: del poder bien armado.

Pensar de nuevo los derechos humanos obliga a rupturas con el orden implantado, pero también con la vida misma y con algo que se ha vuelto norma: hacer  valer los derechos a través del cumplimiento de una ley, o para ser más preciso: los derechos humanos se han convertido en ley misma que no se cumple, que es imposible cumplir en el marco del sistema político económico actual, llámese neoliberalismo o neo conservatismo, o simplemente capitalismo.

Puesto en términos precisos: todos promueven su garantía en medio de leyes que se burlan de los derechos humanos y  amparados en  instituciones internacionales y locales ancladas en la defensa radical del propio sistema económico que los violenta, transgrede,  pauperiza y minimiza.

Esta situación no la provocó la pandemia, solo hizo visible que,  la vida para muchos, la gran mayoría, era una vida  vulnerable, débil y sin futuro.     

Con un salario mínimo o sin  salario, en donde, el derecho al trabajo había sido  destrozado en el contrato a un mes a dos meses, por  la condena de la venta ambulante único espacio laboral existente para  miles de millones de personas, por las maquilas creadas como espacios semejantes a los gallineros  donde amontonan los  pollos  para el sacrificio, convertidos en espacios de explotación de niñas, niños, mujeres. Todo  indica que prevalece el derecho a la explotación y la acumulación sin límites por encima del derecho al trabajo digno.

Compartiendo la miseria en una vivienda mínima de 20 metros cuadrados para familias de 5 personas en   hacinamiento y con riesgos de violencia u obligados a  usar  el  derecho a dormir en la calle. O habitar en casas de cartón, al borde  de abismos  y corrientes de agua que se desbordan periódicamente. Muchos niños y niñas escapan a ese hacinamiento y a las tensiones y violencia derivadas del mismo. Escapan de un espacio llamado hogar que es el primer escalón del  patriarcalismo y  fuente de  donde beben  todas las violencias contra la mujer y la niña, el niño. Violados todos sus derechos, hurtada  su dignidad se convierten en seres vulnerables sometidos a la crueldad y el abuso de la calle,   obligados a la limosna o al robo para comer un pan o a chupar pegante como otra forma de escape de una realidad que no quieren vivir, que los hizo impotentes ante la mirada ajena del poder.  

Igualmente, el derecho a la alimentación convertido en negocio para grandes intermediarios, reducido a una canasta básica sin dinero para comprarla. Convertido en el derecho  a hurgar libremente en los basureros para comer. El derecho a comer basura, sobras de comida, tirada a los tanques sin ningún tipo de bioseguridad. La expresión menos humana de los derechos: comer basura en medio de la opulencia y ser condenados como sospechosos por hacerlo.

La salud básica fue convertida en negocio para laboratorios  y largas colas de mala atención para los pobres. Si,  los derechos humanos han sido convertidos en mercancías para empresarios rentistas, los negocios de educación, salud, vivienda, alimentación y servicios públicos son los más rentables y de menos riesgos empresariales.

Todos parecen acomodarse al fin último del reino del dinero. Todo es pensado desde la silla crematística. La palabra solidaridad perdió sentido en la maraña de abogados que dicen defenderlos. Los derechos humanos se han convertido en una ideología acomodada a todo tipo instituciones políticas. La voz de los políticos sonámbulos siempre hace eco del respeto que ellos dicen tenerles  pero producen leyes en contravía. Delicadas sutilezas jurídicas para violarlos, defendiéndolos. Lo más desafortunado de lo que nos sucede es la normalización del no cumplimiento o violación de los diferentes derechos y la extraña idea de que los derechos hay que pedírselos a los políticos, y es extraño, en tanto, se supone que estás viviendo en un Estado de derecho.

 

 

Guillermo Solarte Lindo Pacifistas sin fronteras

domingo, 6 de marzo de 2022

El peligro de comer

 Poco a poco se va estrechando de forma eficaz el cerco dominante  del pensamiento prohibicionista o, lo que es lo mismo: aquel pensamiento que en su fundamento despliega el miedo como mecanismo de control. Antes, mucho antes el temor a Dios o al infierno hacía de nosotros sumisos y miedosos seres dispuestos a mucho para no morir en el pecado. Hoy en día, dos grandes corrientes de este pensamiento tienen un matiz casi religioso y sobrevuelan el planeta con el cartel de peligro y por lo tanto usando el miedo para garantizar  su éxito.


Uno es el de aquellos que militan en la causa ambiental o en contra de la destrucción del planeta y que llenos de advertencias nos agobian con el calentamiento global, la capa de ozono, el agotamiento del agua, la desertificación planetaria. Son militantes del miedo a quedarnos sin donde habitar como especie o a morir abrasados por un sol cada vez más ardiente o duchándonos en una lluvia ácida que nos quitara la piel poco a poco y de forma irreversible. De esos ya hablaríamos luego, en otra entrada.

Los otros son radicales de la buena salud y cuya misión carismática es aconsejarnos de manera continua del peligro de la comida y de la posibilidad de ampliar la esperanza de vida, según comas o dejes  de comer unas cosas u otras. Esta cruzada a favor de la vida sana parece encontrar su fuente de inspiración en aquel dictamen de: mente sana en cuerpo sano, una falacia populista que hace creer que si comes bien, puedes llegar a pensar bien o por extensión a actuar bien. 

Algún amigo, fanático militante de estas causas, me explicaba de forma vehemente,  la relación directa que había entre comer carne y ser violento y, en el diálogo, avanzó sin ningún tipo de rubor a la afirmación de que, en el inicio, cuando éramos  vegetarianos, la violencia era mejor.  Para este amigo parecía existir la posibilidad de que al convertirnos en vegetarianos o veganos los índices de violencia disminuirían de manera drástica. Algunas veces  ha llegado a afirmar que entre las cagadas de las vacas y sus flatulencias,  el agujero de la capa de ozono  se amplía sin remedio.

No sabíamos que esta corriente higienista o de la vida sana iba a transitar del tabaco, a la carne y de esta a los huevos, la leche, a los quesos, o últimamente al aceite de oliva, al perejil, las papas fritas  como posibles fuentes de contaminación del cuerpo. Comer, que era uno de los mayores placeres, se está convirtiendo en una aventura muy peligrosa en donde  cualquier decisión equivocada nos puede costar la aparición  de un cáncer, una gastroenteritis aguda o un ataque fulminante al corazón.

La medicina, cómplice de esta militancia, afina instrumentos de medición de los líquidos del cuerpo y nos advierte de forma científica del peligro de los azucares, las harinas o las grasas para el aumento de los enemigos actuales de la humanidad: El azúcar, el colesterol los triglicéridos o el ácido úrico. Estos cuatro  enemigos  del hombre, parece que no tanto de la mujer, se confabulan con multinacionales de las drogas para construir, eso sí, uno de los mercados más rentables de la era post capitalista y una de las institucionalidades más degradantes de la sociedad colombiana actual: el sistema de salud.

Es posible que el triunfo de esta contrarrevolución anti hedonista signifique la pérdida del placer de comer y, claro, la aparición de un ser humano que no podrá distinguir entre la acidez, la amargura o la dulzura y su paladar irá perdiendo la capacidad para disfrutar la infinita diversidad de sabores que se entrecruzan en la boca cuando mezclas vino carne o pan, queso o cualquier otra de las miles de posibilidades que tenemos al cocinar en ese laboratorio de la alquimia de la dicha que es la cocina.

La esperanza de unos y otros de esos militantes de la vida sana  es que transitemos de seres humanos a ángeles, sometidos a la dictadura del miedo a morir  antes de tiempo. Esta mutación hacia la pureza será posible cuando la única fuente in contaminada sea una bolsa de  suero, a la que cual estaríamos conectados felices y sin ningún peligro, mirando el techo de una clínica de cinco estrellas y escuchando música instrumental sin altibajos que te produzcan un sincope.

jueves, 12 de agosto de 2021

Cosas claras: queremos el chocolate, no mas miermelada


 Uno: Las movilizaciones sociales del 21 N, el 28 A y el 19 M y las que vienen  se conectan y se alimentan de sí mismas. Se entrelazan con lo que está sucediendo en el mundo desde hace ya unos años y responden a un mismo sentimiento: la indignación con el poder, con la política, con la democracia.

Dos: Colombia es un escenario de violencias múltiples originadas en la inmensa desigualdad, la impunidad, la corrupción, la ilegalidad  y la desconexión de los políticos con  esa vasta  diversidad que marcha y cuyo sentimiento puede estar sintetizado en una de los carteles que acompañaba la movilización: Nos robaron  hasta el miedo.

Tres: El gobierno pareciera haberse puesto la mascarilla en los ojos. No sólo utilizando la fuerza sino que, también, produjo una paradoja que no sabe qué hacer con ella: ha impulsado la indignación de muchos que sin estar en la marcha la apoyan. ¿Acaso piensa que los jóvenes que marchan no tienen hermanas, madres, abuelas que sus lazos de afectos terminan cuando salen de casa?

Cuatro: Las madres, padres, abuelas, abuelos, saben que allí están sus hijas, sus nietas, sus sobrinas jóvenes buscando nuevas formas de hacer la política, de cambiarla. No se ha dado cuenta el gobierno ni los políticos de ambos lados de la grieta  que las cosas no volverán a ser lo mismo y, quizá por esa razón, su insensatez se dirige a destruirlas.

Cuatro: El monopolio de la información dejó de estar  en manos de los empresarios que compraron los medios. Como afirmó uno de ellos al comprar El Espectador: “Los medios de comunicación son como un revólver, que cuando uno lo necesita, lo saca y dispara” ¿y que están disparando los medios en este momento?

Cinco: Las movilizaciones muestran  que cada indignado tiene un medio en la mano y que su capacidad para registrar los hechos de forma directa y divulgarlos  masivamente, en vivo,  establece una cadena de solidaridad  con los que son objeto de violencia y de rechazo con los que producen esa violencia.  Los titulares de los grandes medios pierden fuerza. La batalla de la comunicación sobre las movilizaciones la perdió el poder; se avecina la muerte de los medios como organización empresarial estructurada para divulgar información y construir opinión.

Seis: La falta de comprensión de lo que sucede, por parte del poder, enfoca tanto las críticas como la represión de forma equivocada. No podría alguien explicarle que mucho más que un estallido o una explosión cultural que ya cambió muchas cosas,  es una revolución cultural que no puede ser negociada. Que no necesita ser negociada con el Estado. Alguien le puede explicar al poder que está usando la violencia contra si mismo?

Siete: Los políticos intentaran, en las próximas elecciones, domesticar las movilizaciones. Buscaran, en sus discursos, promover la idea de renovación o construcción de la democracia. Reformas políticas que, en sus manos, solo servirán para reproducir, empeorando la situación.  El electoralismo se ira autodestruyendo, desmantelándose así mismo, pisando sus propias minas explosivas. Buscando pactos imposibles, llenos de mentiras para conducir a la ciudadanía al dilema falso de siempre: votamos por este o contra este.

Ocho: Las reformas tributarias con fin redistributivo son una farsa .Cada año, los políticos escondidos en sus curules como en la trinchera de la corrupción, reparten el presupuesto, se ríen de la ciudadanía. Saben que tienen un conducto legal y secreto por donde se escapan los recursos y retornan a quienes aprobaron la reforma.

 

miércoles, 9 de junio de 2021

Uy Festival, festival del miedo, Teusaquillo sin miedo



Este año vuelve el Uy Festival, festival del miedo, 

 Hablaremos de la pandemia, del miedo de los niños, del feminicidio, de los jóvenes en marcha, siete circulos del miedo, en siete puntos de la localidad. Sera trnsmitido en vivo por Facebook live

Presentaremos la encuesta sobre el miedo en la localidad, Los arboles del miedo desarollados en 7 lugares, el resultado del concurso de fotografia,


Los miedos que nos acechan

·         No es fácil ser valiente. Tampoco es fácil esquivar los miedos que nos acechan,  que los acechan. Aquellos miedos que nos han acompañado por años. Por noches. Los que muchas veces, convertidos en pesadillas, no nos dejan tranquilos. Desde el miedo a levantarnos cualquier mañana hasta el miedo a la muerte súbita. El miedo a la amenaza. A ser asesinado por pensar, por hablar, por rebelarse. El miedo al hambre, a perder el trabajo, a la enfermedad. Al latir acelerado del corazón.

·         Miedos que hacen de nosotros seres vulnerables. Tantas veces despojados por la fuerza de lo poco que tenemos. Tantas veces declarados enemigos sin motivo alguno. Tantas otras convertidos en verdugos del amigo. Somos frágiles seres que nacemos con miedos que poco a poco dominamos y otros que se convierten en obsesiones permanentes, en fobias irracionales, incomprensibles.

·         El miedo a ser víctima de los violentos. El miedo a la catástrofe a punto de suceder. A ser traicionado. El miedo a la cárcel y a la libertad. A la frágil felicidad y a la desgracia. A los fantasmas de la noche que no nos dejan dormir. El miedo al exilio y al no retorno. A la sospecha, al dedo que nos señala, al sicario, al ladrón, al jefe, al profesor, al policía, al paramilitar, al guerrillero, al soldado. A que te declaren sospechoso o cómplice. El miedo a la guerra, al enemigo, a las masacres. A las minas asesinas. A los autoritarismos de todo tipo. A las dictaduras de todo tipo.

martes, 20 de abril de 2021

De qué hablamos cuando afirmamos que algo está pasando

 El mundo actual es ante todo un escenario de conflictos y por lo tanto un escenario político. Su más fuerte característica es el dominio de un sólo modelo de vida que respaldado por la fuerza militar más grande que ha existido en la historia, se expande de forma permanente ampliando sus fronteras y eliminando opciones hasta reducir el horizonte de todos a una sola forma de sociedad: aquella que pretende conjugar a la perfección la democracia liberal y el mercado, como fuentes de la igualdad, la libertad y el desarrollo de las naciones. El acomodamiento de esa fuerza en la época de crisis arrastra no solo a la economía sino también la política. 

La militarización de esta ultima viene acompañada de medidas económicas dirigidas a subsanar la crisis provocada por la ambición de unos pocos y la fragilidad del sistema para controlar los desvíos o las dinámicas perversas y corruptas nacidas de lo que los adalides del sistema no identifican como libertinaje empresarial. Pero este triunfo de una sola versión del ideal político no pervive ajeno a la frustración de muchos con las opciones que desde el otro lado, la izquierda, llegaron al poder por el camino de las revoluciones. Tampoco es ajeno a la inmensa capacidad de los países de la órbita capitalista para vender su modelo como el único capaz de conducir el planeta entero por el sendero del desarrollo. O quizás, tampoco lo es a la incapacidad creativa de los que se oponen a pensar por fuera de la idea dominante. 

Triunfa la idea o  si se prefiere la ideología del mercado también de la mano de que las crisis irán apareciendo sin poder evitarlo. La periodicidad de las crisis también se acepta como una desviación del modelo. ¿Pero todos sabemos que el ajuste de la crisis en Estados Unidos deber ser compartida aunque las ganancias de la mayor economía no se repartan? ¿Qué tan cierta podría ser la analogía con aquella idea ambientalista de que el aleteo de una mariposa podría producir un ciclón en otras partes?¿La emisión de un dólar por el banco central de USA produce un maremoto en las economías más débiles? 

Ahora, la tensión que en algún momento tomó nombre de Guerra Fría y evolucionó hasta lo que se llamó La Caída del Muro, desapareció paulatinamente en medio de la más exitosa propaganda que logró eliminar de tajo la pluralidad política, creando una idea de centro en el que todo cabe y un escenario mundial dominado por la inevitable globalización. ¿Qué tan posible sea que se construya otra guerra fría que permita un cierto equilibrio favorable a occidente ante la potencia China? Pero si la idea política que domina es el centro, la idea geopolítica es la existencia de un Norte altamente desarrollado y democrático, y un Sur que se balancea entre el autoritarismo y la pobreza, la fragilidad del Estado y su impotencia ante la fuerza de lo ilegal. 

Pero ¿es el centro una abstracción política o solo el dominio de las ideas conservadoras que al ser puestas en el mercado político como el equilibrio renuevan su capacidad para captar electores? Estas imágenes de la política son mundiales y Colombia no escapa a ellas. Están presentes y son de fácil identificación. En general la tesis que podría surgir de este libro tiene dos grandes y seguramente, frágiles columnas: uno, 11 Política para camaleones la política, que fue en su momento ideología se ha transformado en imagen. Y dos, hoy en día la política es, antes que nada o por sobre todo, comunicación. Comunicación de una ilusión, de una promesa, de un discurso. Comercialización eficaz de una expectativa. En general, en un plano mundial, la política se relaciona de manera estrecha con la idea de un mercado: de información, de votos, de ideas, de mensajes, de íconos, de imágenes, de influencias, de espacios mediáticos. Si la sociedad es una plaza de mercado, la política es uno de los productos que circulan con mayor intensidad, y ella es lenguaje de comunicación entre ciudadanos y de estos con políticos, instituciones y el Estado. 

Un lenguaje de transacciones, un lenguaje estratégico, un lenguaje común, ese es el propósito último de la política actual: que todos hablemos lo mismo. Los medios y con bastante fuerza Internet cumplen con eficacia ese propósito. Algunas señas, pesimistas para unos, optimistas para otros, muestran que la sociedad transita hacia una cibersociedad, y que en ese ciberespacio suceden los cambios culturales más fuertes de la historia humana. Cambios políticos, económicos, sociales pero sobre todo culturales. Internet es de alguna manera la ruta hacia la utopía tecnocrática. ¿Sera algo así como la imprenta en su época? Alguien diría, seguramente, un intelectual periodista o un periodista publicista, que la historia no ha muerto que se hace virtual y así, sobre esta frase se escribiría el próximo best seller. Esa virtualidad o digitalización ¿no es acaso una consecuencia previsible de lo que es la tecnologización de la vida? 

La política, y con algo menos de candor, el discurso, se difumina en frases de impacto, se hace en eslóganes publicitarios que producen en el hombre y la mujer de la calle el resultado esperado por los que son titiriteros de la sociedades actuales: los publicistas. Ágiles hombres de negocios que todo lo que tocan lo vuelve producto. Inteligentes profesionales de la reducción impuesta por los espacios mediáticos. Si no se puede decir en una frase es innombrable. La razón: para el mercado es demasiado costoso. Este gran mercado es asimismo un espacio de confrontación en donde, todavía hoy, la palabra es, en general, el arma utilizada. La palabra hecha promesa, la palabra hecha mentira, la palabra hecha información y por lo tanto bien de consumo. 

También se trata de la política como sistema, es decir, de la democracia como régimen único, pero en el caso de Colombia, se presenta como idea central la postergación continua, histórica de esa democracia. O lo que podría llamarse la ilusión democrática como escena política y las razones o estrategias que han sido utilizadas para hacer del régimen político un escenario en donde la política es la música para los camaleones. El escenario político colombiano y también el latinoamericano da señales para el desarrollo de una democracia sin partidos o lo que podría parecer menos dramático: una democracia de movimientos que construidos desde los intereses de la ciudadanía renueven y acerquen la política a la vida diaria y a la solución de los problemas que agobian a la población. Si esto es así la pregunta que salta a la vista es ¿cuál es el papel de las organizaciones políticas tradicionales, de izquierda y derecha en ese escenario? 

Rota la idea de un partido único de dos cabezas no podemos transitar felices hacia el fragmento? Aunque, es cierta la idea expuesta por Daniel Bell citado por Anthony Giddens en el 2002, de que «en la época contemporánea, las naciones se han vuelto demasiado pequeñas para resolver los grandes problemas, y demasiado grandes para resolver los pequeños» también es cierto que existen diferencias sustanciales entre las naciones del sur y las del norte. La brecha de pobreza ha ampliado la tecnológica y científica y el intercambio desigual entre estos es cada vez más acentuado. La política no puede ser la misma en el sur o en el norte, en oriente u occidente, el sistema político no puede ser el mismo, el modelo no puede ser el mismo. La democracia no puede ser la misma. Tampoco la sociedad y claro menos aun el Estado. Políticamente el mundo es un escenario de desigualdades y, lo que algunos entienden por sueño democrático, es algo que puede fácilmente convertirse en una pesadilla que no alcanzamos a entender. Las últimas guerras en defensa de la democracia parecen la más cínica de las paradojas. Todavía no se encuentran razones, al menos democráticas, para arrasar un pueblo o cultura en defensa de ideales de libertad e igualdad.