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domingo, 12 de agosto de 2018

¿ El pais que nos dejan o la Colombia que construimos?




Creo que fue Gabo aquel que dijo que en Colombia la clase alta quería ser inglesa, la media americana y la baja mejicana. Creo también que el ministro de hacienda pensando en la clase media americana argumenta que la clase media colombiana debe pagar tantos o más impuestos que la de USA,  y así  en ese debate de las reformas tributarias nos meten cada tanto para ajustar el modelo, como suelen decir los economistas de siempre. Aceitar la máquina de la gobernanza macroeconómica es la meta.

No sé qué es peor, si dejar el país en manos de abogados utilitaristas,  dejarlo en manos de los políticos corruptos o en la de economistas, amigos leales del  rentismo. Es igual o peor que dejar la paz en manos de congresistas. Este texto tiene dos patas: lo económico visto con la lupa de un profano y la paz desde un corazón pacifista. 

Si la paz no es liderada por la ciudadanía irá poco a poco convirtiéndose en otra guerra o conflicto armado, como la han llamado algunos estos últimos 60 años, o también como lo han negado otros. Sabemos porque lo hemos vivido, que hubo acuerdos para terminar la violencia y fracasaron. Somos un país de posconflictos fracasados, en términos de víctimas, podría decir, para provocar algo de inquietud, que ha habido más víctimas después de cada acuerdo, es decir en los posconflictos, que en la guerra misma. Así es.

Habría que ser más precisos y decir que no ha parado la confrontación armada. El posconflicto, iniciado en el 57, después del pacto de liberales y conservadores y del turno en el poder de cada partido, dejó tantos muertos o más que la misma violencia; después, en el 91 con la nueva constitución, se inicia otro posconflicto lleno de muertos y víctimas, tantos o más que en el posconflicto anterior, lo mismo sucedió con el posconflicto derivado de lo que se llamó el pacto de Ralito,  ahora llegamos al acuerdo de paz con FARC y ya avanzamos sin ninguna misericordia en el número de muertos y víctimas. Para muchos analistas la conclusión de estos fracasos ha sido lo que denominan la no ocupación del territorio por parte del Estado, para otros, la idea dominate es que los posconflictos anteriores se hicieron a medias, no incluyeron a todas las fuerzas en conflicto, y así podemos definir hipótesis que concluyen de forma rotunda en una realidad: hemos fracasado. Nosotros no, es la elite politica la responsable de que no se haya logrado nunca consolidar la paz ,y lo será , esa misma elite, que este posconflicto, culmine de igual manera que los anteriores.
  
Hemos sido una de las democracias más violentas de occidente,  donde la población civil ha sido la más afectada, a casi todos nosotros, de alguna manera, nos ha tocado llevar en el alma algún dolor provocado por los violentos, pero no nos engañemos, nosotros no somos una cultura violenta, somos una democracia en crisis permanente, con incapacidad manifiesta para la solución de los problemas que agobian pero con una versatilidad inmensa para fabricar leyes que en apariencia arreglan esos problemas, o los diluyen o los esconden. La debilidad de la ley nace en la legitimidad de las instituciones que las crean, eso escuché a un amigo filosofo en medio de una discusión sobre porque fracasamos ese día extendimos la discusión hasta un punto que, en ese momento quisimos resaltar llamándolo “la conciencia de lo justo” que no sería otra cosa que la ausencia de capacidad crítica de aquellos que tienen algún tipo de poder para defender lo justo por encima de cualquier cosa, aun de la misma ley cuando esta es injusta.  

Los líderes políticos no han sabido conducir el país por la senda de la convivencia pacífica, o en otras palabras, quizás más precisas: sus intereses han estado siempre y a lo largo de los siglos por encima del bien común. Estremece ver las cifras o si se prefiere el rastro de dolor y miedo, en este territorio. Pero enmudece el silencio o la mentira de tantos otros sobre ese drama profundo que vivieron y viven muchísimos colombianos, hombres y mujeres, niños y niñas y tantos jóvenes que deambulan por las calles pidiendo dinero para sobrevivir en un país que insisten, los políticos de la corrupción y el crimen, en llamar patria. La conciencia de lo justo en aquellos que detentan algún poder político desapareció, se esfumó se la tragó el afán de lucro.

Allí puede estar una de las  razones  de que, en medio del entusiasmo generado en mí por el acuerdo con las FARC, nació un inmenso miedo de que este posconflicto, sea tan, o más dramático que los otros a los que hice alusión, y lo siento así, porque han aprendido a matar con más precisión y mayor impunidad. Porque las ordenes se dan desde lugares más oscuros y diversos y delincuenciales. No quiero llenarlos de estadísticas de la muerte, en todo caso, en este país la muerte va en un coche mucho más rápido que las estadísticas: mientras incorporamos un muerto a la base de datos del crimen, ya se están produciendo otros más a una velocidad espeluznante. En eso que llamo conciencia de los justo y la relación de esto  con el acuerdo de paz con Farc está claro que lo único verdaderamente  humano es la defensa, si quieren ponerlos en términos meramente pragmáticos, del descenso de muertos y victimas de todo tipo. Eso dicen todas las cifras oficiales y no oficiales, nacionales e internacionales.   Así es.

No creo que la discusión, entonces,  sea sobre indicadores económicos y sociales. El manejo de la economía siempre ha sido el mismo: eficaz en la contención de una revuelta social y también exitosa, en el logro de una estabilidad económica que alcanza a ocultar la inmensa desigualdad social. Algunos cínicos de la tecnocracia han terminado por denominar de forma exitosa este fenómeno, algo así,  como “tenemos una buena gobernanza macroeconómica” otros de forma afanosa casi gritan del éxito de eso que llaman “la resilencia económica.” Si no fuera por la pobreza eterna y la angustia en la que vive un alto porcentaje de la ciudadanía, rural y urbana, podría uno reír del uso de ese lenguaje, casi que perfecto, para ocultar lo que sucede, lo que ha venido sucediendo por décadas.
Lo que nos han dejado cada cuatro años en lo económico es muy parecido, con ligeras diferencias, que se notan un poco más marcadas a largo plazo: en 20 o 30 años han cambiado algunos indicadores económicos y sociales tan poco que apenas se nota. En Cauca muy poco, en Choco y la Guajira casi nada. En los cinturones de miseria de las grandes ciudades se puede ver el tamaño del crecimiento o para precisar: el tipo de distribución de la riqueza generada por años de extracción de petróleo y minerales y de lo que llaman la financiarización de la economía, que puede entenderse a partir de algo simple: la banca es como una alcancía que Ud. va llenando con su dinero, y que de vez en cuando la mira, la tantea y siente que progresa, de pronto un día Ud. va a sacar su dinero y está vacía, reclama y le dicen, que no se preocupe que está en otro lado seguro. Unos meses después lee un titular de prensa que dice que hay crisis y la banca quebró pero que no se preocupe que todos, es decir, el Estado, responderá. Puede Ud. no creerlo, pero así es. Una excelente explicación sobre esto la pueden ver en clave de humor en este programa inglés:

De esto se puede escribir tanto y podríamos llegar al fondo de un pozo en donde estarían  las ruinas de muchos y el tesoro, con todo nuestro dinero, convertido en fondos que nuestro propio dinero rescata de quiebra  en quiebra o si prefieren de crisis en crisis. No es este  espacio el lugar para hacer este análisis, pero dejo en el aire, una cuestión que está detrás de nuestro estancamiento económico desde hace décadas. Dejo en claro otra de mis posiciones radicales: si el crecimiento no soluciona la desigualdad estamos estancados o más bien estamos enfangados.

Este es un panorama que se renueva feliz cada cuatro años de la mano de las promesas que los políticos construyen para vender ilusiones a partir  de otra premisa: “la economía no tiene que ser exitosa debe parecerlo”. O como decían los cínicos de no sé cuándo: la economía va bien y el país va mal. Esos economistas del éxito tiene claro algo que es realmente falaz: se trata de crear optimismo. Una buena manera de hacer esto es, por ejemplo, la re conceptualización y ¿qué es esto?  En corto y en tono humor: pobreza es no tener con que comer, pobreza multidimensional es lo mismo pero feliz.
En síntesis lo económico y social sigue igual con ligeras variaciones y la política tradicional se ha deteriorado de tal manera que es muy difícil saber si vamos hacia un abismo o el abismo son ellos, o peor aún: nos han hecho creer que debemos disfrutar la caída, ¡morir riendo! A eso se limita la promesa de felicidad, y a otra que se convierte en la mayor de las paradojas democráticas: defiende lo que no tienes.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Otro izquierda es posible?

Nota introductoria

Leo con atención este texto publicado hace un tiempo largo y encuentro referentes precisos a lo que estoy pensando hoy, desde y sobre  la política. Una advertencia al lector paciente: todo proceso político está ligado de forma indisoluble al miedo y al papel que este juega en la comunicación política. El miedo se ha ido convirtiendo poco a poco en dispositivo de control que tienen todas las elites sobre sus correligionarios, militantes, o seguidores ciegos. No creo que en esto existan las diferencias tradicionales que hacen parte del juego del poder ( izquierda-centro-derecha) todos por igual incorporan, en su discurso, algún miedo que pueda tener rentabilidad electoral.

Todos están inmersos en la promoción de una especie de pánico moral en donde, la beligerancia de todos opaca la seriedad de lo que de forma repetida bautizan y rebautizan, desde hace años, como cruzada contra la corrupción o lucha contra la corrupción, de igual manera todos alzan un coro moralista que busca votantes en ese mar inmenso de la abstención y  de la votación con miedo. 

Todos juegan al estigma como mecanismo de exclusión de los demás, y todos también alzan voces que, en coro, hacen pensar en las iglesias y la promoción de  otro de los miedos mas antiguos y siempre presente, miedo cósmico, que esta en la base de todos los miedos; miedo a Dios  que convirtieron en miedo oficial, diría Bauman, a perder lo poco que han logrado como amplia clase media. La izquierda nuestra   como la derecha han convertido el miedo en ideología que hace que la ciudadanía se pierda de nuevo en aquel drama de la democracia: votar en contra de alguien.
Bueno, escribo sobre  la política desde la izquierda. Sobre principios que están en la base de ese pensamiento pero que, al despojarme de las banderas, me permiten cierta libertad de expresión. Republico esta entrada al blog después de una marcha que mostró una rara paradoja: se puede marchar sin miedo aunque este sea el que empuja todas las marchas.
Otra izquierda es posible

Alguien me podrá acusar de escribir un Panfleto contra el Polo o contra la izquierda, parodiando, con la acusación,  el título de aquel Panfleto contra el Todo de Fernando Savater, un escritor evolucionado hacia lo políticamente correcto. Pero  diría  que no, que no puedo ser tan pretensioso ni tan ingenuo. Que la acusación carece de imaginación.

La tentación de escribir sobre la izquierda siempre surge cuando se piensa que, en momentos estratégicos del país, alguien debe decir algo de las opciones políticas no tradicionales y lo debe decir desde fuera de los partidos.

Este texto puede tener visos de sermón pero es inevitable en una sociedad política plagada de religiosidad. Santos y santones de todos los pelambres,  edificando su altar, es la imagen que persigue a cualquiera que pretenda escribir sobre política. Todos están en el altar y créanme, hay que bajarlos de allí y soplarles al oído lo tanto que están equivocados y tambien decirles como desmontar la fabrica de mentiras que construyeron voto a voto.

Los viejos sobre valoran las canas y los jóvenes hacen los mismo con el ímpetu. El valor de las canas como capital cultural y político reduce la imaginación a una razón desmesurada, conciliada  y paradójicamente, enclenque. Los políticos como los futbolistas y los toreros deberían retirarse antes de los 40 me decía una joven amiga cansada de las canas y repleta de ganas.

Pero en medio de los comentarios eclesiásticos que pueden derivarse desde unos grupos supuestamente radicales, les digo, tanto a viejos como a jóvenes, con algo de irreverencia que este panfleto ladra pero no muerde. Así que tranquilos. Su status no corre peligro. Su ansiada estabilidad seguirá incólume y como diría un amigo español: lo mío es tejer no hacer jerséis.

Ni ser elegidos ni ser nombrados

Otro izquierda  es posible pero en la medida que otra política sea posible. Otro lenguaje sea posible. Otra comunicación sea posible. Y claro, siempre y cuando aquellos que tienen pretensiones de poder dejen de lado su interés exclusivamente particular y entren de lleno y sin ignorancias en la creación de un escenario distinto.Sin miedos paridos por la politica de la representacion.

Todos sabemos que los dominios establecidos por la tradición política colombiana son fuertes: hipocresía, individualismo, transfuguismo, clientelismo, narco politismo, armamentismo, electoralismo, guerrillerismo y la idea de que cada político es un partido, un pensamiento o una solución particular. También que cada uno parece llevar un mesías escondido que arrulla en las noches y saca a pasear durante el día buscando de forma intensa que sea mediatizado, publicado, promovido como el Único.

Esto último  ha producido no solo el debilitamiento de Partidos sino también favoreció el mercado de votos, tanto el legal como el ilegal. El ismo dominante, todos hombres, (lopizmo,  samperismo, el pastranismo, el  llerismo, el galanismo y el gaitanismo) ha ido incorporándose a la izquierda de la mano del luchismo, petrismo, que huyeron despavoridos cuando apareció otro ismo, el  robledismo que los abraza a todos de la misma manera que un hincha del santa fe lo hace con uno de millonarios,  estos últimos son el bastión de una dinámica que tiende a asemejar la experiencia del Polo o de la izquierda a la historia de los partidos políticos colombianos. Ni Marx ni menos.

Escapar al dominio del gen egoísta parece ser el gran desafío de una organización política que piense desde el anti autoritarismo y labore por la libertad y la igualdad. Un gen que promueve imágenes y no hechos. Que irradia de ficción la política y la convierte en templo de inmensos egos, casi todos opacados por su propia ambición. El momento actual es de cambio, pero no solo de cambio de sonrisas, no es suficiente la palmadita y la admiración.

Pero ¿cómo dejar que  la política de la cúpula, de la elite  transite hacia la imaginación creadora y escape a las fórmulas de lo políticamente correcto? Para eso y con la razón en las manos y la imaginación en el espíritu se tendría que romper la tradición conservadora que nace en las entrañas de la derecha recalcitrante y la izquierda autoritaria. Nada fácil.

La izquierda como organización es un pilar del conservadurismo que protege a unos líderes de hielo, o mejor, congelados y diluye en la locuacidad izquierdosa cualquier opción de revolución interna. El inmovilismo de la elite polista y de izquierda parece aferrase con las mismas manos al poder que quienes se aferran en los otros partidos: iconizacion mediática, lo que supone manejar cierto poder al interior del partido o del movimiento; vocería individual derivada de lo anterior y un decidido centrismo que los impermeabiliza contra el mercado electoral, además, en algunos se ve claramente,  un ingenuo y anticuado izquierdismo que ¡vaya paradoja!  les garantiza su pequeño fortín electoral, o lo que podría entenderse como la réplica desde la llamada izquierda, de la operación avispa, cordón umbilical del clientelismo y la corruptela.

 La izquierda no será izquierda mientras actúe exactamente como la derecha montada en el afán electoral de las representaciones insulsas. Son estructuras dominadas por un lenguaje arcaico incapaz de comunicar un mínimo deseo de cambio. Ha transitado hasta convertirse en casta, como dirían los españoles de podemos, casta que se reproduce con la mismas triquiñuelas del poder tradicional. Yo te elijo tu me votas yo te pongo tu me cubres tu me tapas yo no te dejo caer

Esa estructura solidificada de líderes inamovibles está sustentada de manera inteligente en el mismo modelo democrático del régimen y de los partidos criticados: el dios del demos, que no es otra cosa que el  voto y su templo, es decir   la representación, ocupan el altar erigido en el Polo y petrismo a lo políticamente correcto. Se elige sobre la ficción de que el elegido representa la mayoría. Una estructura sustentada en el voto que reduce, como diría Ibáñez, la representación a "los que mandan representan a los mandados".

El elegido sea el presidente del partido, su secretario o el candidato de turno asume el poder incuestionable que le otorga la minoría que está en el poder.  Se pretende reducir como sucede en el nivel del estado el poder al uno: un presidente de partido, un secretario, un candidato. Se cierra la estructura para no perder el poder y se hace así,  sobre el consabido argumento de que Uno representa la unidad y la diversidad.
Una falacia que condena al Polo y al petrismo a ser sinónimo de partido tradicional. Sin imaginación, sin participación real y un poco más preocupante: sin poder. O con el poco poder que se deriva de sus representantes en el corillo corrupto del congreso. Ese poder de los representantes se consolida en el poder de los pocos votos que obtienen aquellos que llegan allí, casi siempre con la aspiración presidencial debajo del brazo.

Ni ser elegidos ni ser nombrados seria el lema de los polistas de a pie contra los polistas de a caballo para que aquellos que ya montaron bunker inexpugnable caigan en cuenta que su práctica política no está en consonancia con la idea de un partido político o movimiento que pretenda cambiar nada. es tan fuerte esa dinámica que la historia muestra como es mas fácil destruir lo que existe y nacer con otras siglas, otros nombres pero con las mismas taras.

 La idea de revolución o cambio mueren en las fauces que siempre castigó a la izquierda tradicional: una estructura de partido conservadora y autoritaria en sus actos y de apariencia igualitaria en su discurso. Ya no solo el poder o la autoridad nacen de un germen autoritario sino que aquellos que hacen parte de ese grupo de privilegios hacen que ese germen se perpetué a través del hermetismo intelectual y la guetizacion cada vez más cerrada de sus líderes.
No nos engañemos al pensar que el corrillo de partido es el mecanismo más trasparente para hacer la política. Expertos en tranzar en los pasillos el voto son expertos en clientelismo. En el corrillo nacen las intrigas y las componendas secretas que hacen que un movimiento estructure en silencio pero de manera eficaz la lenta caída al mar inmundo de la intriga y la clientela.  Así de claro.

Decía Benjamín que el arte de la crítica era acuñar eslóganes sin traicionar las ideas. Y aquí podemos haber caído en un caso opuesto derivado de la idea del dominio del electoralismo: se traicionan las ideas para no llegar a nada. Creamos eslóganes que venden promesas que van en contravía de lo que podría ser el país político que se desea construir. Slogans más que revolucionarios, eslóganes de queja y blasfemia ya no contra el sistema sino contra el Rey mesias elegido por los ciudadanos y elogiado por los medios. Dos cuestiones ligadas de forma inseparable.

Otros polistas arrean las banderas de la renovación para  caer en la mitificación generacional de que aquel que es joven tiene ideas revolucionarias, y sabemos que hay al interior de la organización,  jóvenes dinosaurios que transitan desde El Capital al Manifiesto y de este a la Cuestión Agraria y al Libro Rojo  como si no hubiesen pasado décadas, siglo y medio,  y claro, en esta oleada de juventud renovadora, la beligerancia verbal atrapa al ingenuo y seduce al despistado y lo conducen de forma irremediable hasta el siglo pasado y también en la paradoja del sinfín   también los hay que, al desconocer o no entender estos clásicos de la izquierda, se montan en el tren del centrismo ultraconservador que lideran desde todos los frentes los teóricos del poder.  Aquí debe caber todos, dicen con más fe de oportunistas que de esperanza revolucionaria.

Tantos equívocos que atraviesan la cotidianidad de esa opuesta, poco opuesta, arrasan con la idea de revolución: se creyó que guerrerista es sinónimo de revolucionario, y se piensa en medio de la torpeza que la guerra es revolucionaria. Si entendiéramos que lo menos revolucionario son la armas entenderíamos la sinrazón de un estado militarista. Si entendiéramos que lo menos revolucionario es la representación es posible que entendiéramos que un partido de representantes es una trampa contra cualquier idea de revolución.

La juventud es una actitud no una edad  decía un texto perdido en mi memoria. Pero el Polo naufraga en la renovación por una idea cruel: cree que No ha pasado tiempo suficiente para que aquellos que están pegados al poder partidista vayan dejándolo y disfrutando de un merecido despido.

Hacer una fiesta de despedida para quienes son algo así como los doce apóstoles. Congresistas todos que tendrán su jugosa jubilación para dedicarse a hacer algo que poco hacen: pensar y desarrollar ideas para proponer un país, no de la queja sino de la convivencia en la igualdad y la libertad. Doce candidatos a la presidencia.
No se trata de cambiar capucha por turbante como diría el grafiti de forma visionaria en una pared de la Nacional. Se trata de quitarse la capucha y avanzar, en dirección contraria pero pacifista, a la idea de un país monolítico, monolingüe, monocromático, monofónico que es donde nace el mesianismo y la derrota de la política.

Algunos líderes polistas ya perdieron el gusto por la sorpresa y repiten o petrifican los ideales eliminando de la política el encanto de lo revolucionario: paleomarxitsas vociferantes sumergidos  en la reacción contra presidencial y lejanos, distantes del todo de una renovación de actitudes, pensamiento y acciones que hablen de otra revolución, de otra política, de otro político. La subversión pacifista o el derecho a la rebelión desarmada. Sin ambigüedades. Ni Marx ni menos.

Un paleo marxismo despojado de la inteligencia e imaginación de Marx y atado a un lenguaje que, en su momento, servía de base para el cuestionamiento del sistema pero que ahora solo sirve para crear distancias entre aquellos que necesitan una verdadera revolución y aquellos que la quieren liderar.
También nos rodean algunos intelectos sumergidos en un pasado libresco que naufragan con poca inteligencia en el presente y que dicen tener el salvavidas del futuro. Coquetos náufragos del final de la historia que decía su amigo Fujiyama. Críticos de todo menos de sí mismos. Están en el corrillo, asimismo,  unos cuantos eruditos de las leyes que acaban poco a poco con izquierda, el país y con la política. Juristas encadenados al parágrafo. Portadores del alto parlante del imperio de la ley y el silencio de la justicia.

Izquierdistas cuya misión parece ser explicarnos  siempre lo que el mundo es , en una tarea antipedagógica, agobiante, que sufre aquel que se atrevió a preguntar algo y es literalmente bombardeado por el discurso seudo cientifista y de elite que es arma eficaz para producir modorra y sueño al que escucha la respuesta. Academisistas fabricadores de silencio por asfixia de la erudicción.

Estos últimos repiten hasta la saciedad los discursos de las estructuras, las revoluciones proletarias, las luchas de clase, la idea anquilosada y no renovadora de imperio, o la acusación de oligarcas o burgueses a quienes nunca lo fueron, aun habiendo querido serlo, y, sobre este uso del lenguaje barroco, sacian una especie de sed de cientifismo que les da cierta importancia en la agremiación de revolucionarios de profesión o teóricos del impulso.

Decadente gremio de la crítica replicante, peroratera y perseguidora de las ideas de cambio. Censores o censuradores de quienes hablan en otro tono y otra melodía. Seguidores algunos de la perorata del señor Le Monde, de los globalifóbicos ensartados en la tenaza de las multinacionales, del cambio climático, del calentamiento global y demás banderas de la izquierda franco española agonizante. Les pido que una renta basica y me explican el mundo, por un plato de comida me explican las dinamicas de la globalizacion.

Desde otra orilla los populistas y tecno eficaces de nuevo cuño, reducen la política a la capacidad de administrar el estado desde lo políticamente correcto, en un mar infinito de incorrecciones y corrupciones  propiciadas, precisamente, por lo políticamente correcto. ¿Me entienden?

La tensión entre lo deseable y lo posible fue ganada hace rato por aquellos que desde la izquierda, desde el gobierno local, se metieron  al laberinto político que pario el derrumbe del monstruo del este y lo hicieron de la mano menos amiga de la izquierda: la corrupción.

Pero ya sabemos que desde los noventa no sabemos qué hacer y damos tumbos buscando un bastón donde apoyarnos sin saber que el mundo ha cambiado de intérpretes y de lenguaje de interpretación.
: Ni Marx ni menos.


La izquierda es en parte la lucha de estas dos fieras glotonas que todo se lo tragan: El paleo marxismo de las vísceras, estatista y militarista y la neo derecha centrista que, todo lo que toca lo transforma en pragmática tecnocrática, que esconde la raíz del mal. También existen para fortuna algunas islas o pequeños islotes libertarios que dan o crean entusiasmos no electorales y liberan al hombre de  las estructuras. Minorías que se niegan a naufragar en el electoralismo de las elites pero que no pocas veces caen en la trampa edificada por los emancipadores de oficio, tránsfugas de la gula electoral o de la bacaneria del voto. Todos al congreso del partido: allí elegiremos a los que nos mandaran. ¿No sabemos acaso que los congresos como las asambleas son ferias y fiestas electoralistas organizadas por lo que no perderán el poder? Ni Marx ni menos.
 


 Si entendiéramos, por favor, que el siglo XIX fue de la política, el siglo XX de la economía y que el XXI es el de la ecología. Si entendieran que leer los grandes relatos políticos , ahora, debe hacerse en clave ecológica para desde allí pensar una política transparente como el agua y una economía tan limpia como las dos aguas. Si entendiéramos que la ecología no es el medio ambientalismo de la misma manera que el genero no es el feminismo. Que el proceso de incorporación de lenguajes compartidos que se irradia desde el norte con éxito abrumador, por ejemplo, genero-ambiente, no es otra cosa que la manera mas prosaica de remplazar el espíritu revolucionario por el conciliador, que en política es fatal. El lenguaje del dominio es exitoso, pero no solo porque los medios lo irradian, es mas bien porque la capacidad de critica por parte de la izquierda es baboso. Algo así como que el responsable de todo es el Tio Sam y las oligarquías