El dulce colapso
Guillermo Solarte Lindo
Podría iniciar este ensayo afirmando que a lo que se
refiere el título es al colapso ambiental. Pero no es eso. Tampoco podría
afirmar que es el colapso de la economía, de la política, de la cultura o del capitalismo.
Esa fragmentación de la idea es lo que me permite afirmar que el colapso es
dulce. Y lo es en tanto es parcial, y la retórica política de los dos bandos
dominantes —izquierda y derecha— permite mostrar como éxito lo que son los
fracasos más fuertes de la forma de vida occidental, de la organización del
Estado y de las formas de relacionarnos como países soberanos.
Dos conceptos que han dominado por mucho tiempo la
idea de Estado son el de seguridad y el de desarrollo, y son los que con mayor
facilidad permiten constatar ya no solo su debilidad, sino también su fracaso.
Los datos sobre armamentismo y sobre pobreza son categóricos. El Sur está más
lejos del Norte, los ricos más lejos de los pobres y la violencia más cerca de
todos.
El mantra derecha/izquierda,
como separación de lo político, asfixia el pensamiento. Instalado —o ¿dejado
instalar? — en el sentido común, este fracaso de la inteligencia derrota la
ética y convierte al más sagaz en líder. Ya no es la ciudadanía, ya no es el
pueblo: es la manada. Y a la manada le queda fácil seguir al líder vulgar pero
exitoso. Al mentiroso pero seguro. Al vanidoso pero convencido. Al frágil pero
impenetrable.
La idea de dulce colapso la encuentro cercana a una
idea que vislumbraba Chesterton hace más de un siglo en su ensayo Ortodoxia:
el suicidio del pensamiento. Pero el dulce colapso no está allí; nace hoy,
cuando casi todo ha cambiado.
Porque, ¿qué es la derrota de la inteligencia en
nuestro tiempo? Es la vulgarización del lenguaje y el sometimiento de la
comunicación al poder. Es la definitiva comercialización de la información y la
sumisión de los rebeldes e intelectuales. Es el entierro de la crítica, la
ceguera de la censura, la seducción de la autocensura. Es, en fin, el escudo de
la mediocridad y el éxito del miedo.
El dulce colapso no es una situación derivada de un
proceso, no es el final de un camino ni el resultado de la idea errónea de la
bondad de la alternancia del poder.
Es, podría decirse, la derrota de la inteligencia.

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