martes, 8 de septiembre de 2026

El dulce colapso

 




 

El dulce colapso

Guillermo Solarte Lindo

Podría iniciar este ensayo afirmando que a lo que se refiere el título es al colapso ambiental. Pero no es eso. Tampoco podría afirmar que es el colapso de la economía, de la política, de la cultura o del capitalismo. Esa fragmentación de la idea es lo que me permite afirmar que el colapso es dulce. Y lo es en tanto es parcial, y la retórica política de los dos bandos dominantes —izquierda y derecha— permite mostrar como éxito lo que son los fracasos más fuertes de la forma de vida occidental, de la organización del Estado y de las formas de relacionarnos como países soberanos.

Dos conceptos que han dominado por mucho tiempo la idea de Estado son el de seguridad y el de desarrollo, y son los que con mayor facilidad permiten constatar ya no solo su debilidad, sino también su fracaso. Los datos sobre armamentismo y sobre pobreza son categóricos. El Sur está más lejos del Norte, los ricos más lejos de los pobres y la violencia más cerca de todos.

El mantra  derecha/izquierda, como separación de lo político, asfixia el pensamiento. Instalado —o ¿dejado instalar? — en el sentido común, este fracaso de la inteligencia derrota la ética y convierte al más sagaz en líder. Ya no es la ciudadanía, ya no es el pueblo: es la manada. Y a la manada le queda fácil seguir al líder vulgar pero exitoso. Al mentiroso pero seguro. Al vanidoso pero convencido. Al frágil pero impenetrable.

La idea de dulce colapso la encuentro cercana a una idea que vislumbraba Chesterton hace más de un siglo en su ensayo Ortodoxia: el suicidio del pensamiento. Pero el dulce colapso no está allí; nace hoy, cuando casi todo ha cambiado.

Porque, ¿qué es la derrota de la inteligencia en nuestro tiempo? Es la vulgarización del lenguaje y el sometimiento de la comunicación al poder. Es la definitiva comercialización de la información y la sumisión de los rebeldes e intelectuales. Es el entierro de la crítica, la ceguera de la censura, la seducción de la autocensura. Es, en fin, el escudo de la mediocridad y el éxito del miedo.

El dulce colapso no es una situación derivada de un proceso, no es el final de un camino ni el resultado de la idea errónea de la bondad de la alternancia del poder.

Es, podría decirse, la derrota de la inteligencia.

 

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