lunes, 10 de julio de 2017

Madrid: del pozo del Tío Raimundo, Sepu y el Rastro a Mac Donald y la Europeización de la villa. La reseña de un libro y un recuerdo



Madrid: del pozo del Tío Raimundo, Sepu  y el Rastro a Mac Donald y la Europeización de la villa. La reseña de un libro y un recuerdo

 El libro  Madrid, la suma de todos, de Traficantes de Sueños, sorprende. Y mucho, a alguien que vivió buena parte de su vida en medio de procesos intensos de politización de la vida madridista. De esa ciudad encerrada y gris, ocupada por una policía atenta al menor desvió y dispuesta a derrumbar con coses el menor atisbo de rebeldía, se ha pasado aunque parezca paradójico a una ciudad sin rebeldes, revolucionarios o herejes. Ya todos creemos haber llegado.
Acabada la transición nos quedamos sin promesa y vagabundeamos con la esperanza de cruzar, ya no el charco, sino la línea que indica que somos y tenemos más de lo que merecemos. No queremos ver, en todo caso, el lado oculto de esa luna. Nuestra visión ha sido opacada por la ilusión de lo global o por el espejismo de capitalismo cognitivo. Ambos eficazmente mediatizados en el templo de la publicidad.
Eso se hace visible en este ladrillo hermoso que han titulado con algo de ironía: Madrid ¿la suma de todos? Bien, el paso del pozo a ese misterioso agujero negro que todo se traga ha sido largo. La ciudad se mueve ahora inmensa y abarcante hasta los límites de sus vecinos ocupándolos y desalojándolos con la promesa de que llegaron tiempos mejores. Que no significan más metros cuadrados o mejores ingresos sino que, aunque suene contrario a los desarrollistas: reducción del espacio que es también reducción del ingreso (a tu hogar). Reducción de las zonas verdes que es también reducción del ingreso. (de aire a tus pulmones) Aumento del parque automotor que es reducción del ingreso (atascos)
Madrid es una paradoja como lo son todas las ciudades europeas y norteamericanas y así lo muestra ¿la suma de todos? Un revival de la paradoja de la libertad o sólo un deja vu que nos atormenta con aquel sin igual: "contra franco vivíamos mejor". La ciudad abierta desde hace unas décadas, no más de tres, a los inmigrantes afro, latinos y europeos del este, es la misma que albergó a sus inmigrantes del éxodo nacional ( extremeños, gallegos, andaluces...) de cincuentas y sesentas, aquellos arrinconados en chabolas y periferias sin servicios y estos otros camino de convertirse en guetos alejados de la promesa de la ciudad global y pertrechados en barricadas a punto de estallar como las parisinas de hace casi nada.

La historia se repite pero sin papeles. Madrid se europeíza. Se mete de cabeza en la dinámica democrática de la discriminación y la fuerza argumentativa para hacerlo. Del mismo sitio en donde creció el autoritarismo a ultranza surge el democratismo segregacionista. Allí en donde estaban los inmigrantes o desplazados de la guerra y la pobreza de los cincuenta, cuarenta, están ahora arabo musulmanes y africanos, filipinos y latinos sin papeles y con ingresos  más bajos que el salario mínimo.Los que llegaron despues de la guerra civil de los disstintos puntos del pais,  fueron la leña que animó el crecimiento de los sesenta, los inmigrantes no europeos de ahora empujan el carro veloz de la globalización o su ficción económica. La llamada financiarizacion. Espejismo económico que atrapa, en la imaginaria maquina tragaperras, el salario mínimo que pagaron por cuidar la rentabilidad de una única moneda.

La judería de antes, Lavapiés, corre despavorida de la estigmatización que justifica poco a poco la reprogramación de rescates urbanos, justo allí, en donde antes se ocultaban los judíos tras el nombre de manolos y manolas. Antes no había papeles ahora no los tienen. Pero sabemos que el mundo globalizado exige papeles a aquel que no tiene el único pasaporte a la igualdad: el papel moneda. Así este Madrid de Todo parece la ninfa eco de su propia pérdida de memoria, que los autores identifican con versatilidad. Madrid sin Umbral, sin Cuadernos para el Dialogo, in Triunfo. Puede haber nostagia pero esta prohibida, los argumentos del poscapitalismo centran la critica en que todo pasado fue peor. No es rara esta mutacion del Madrid provincial y divertido a este Madrid globalizado y diverso: el marqueting territorial está a punto de convertirlo en otra de la ciudades atracciones. Vender el espacio a otros es, creanlo o no, desalojar a aquellos que lo construyeron. Es uniformarla a la escala de otras urbes con la inmensa rueda giratoria, las ciudades casinos, los carnavales hecho a imagen del que llega, el bilinguismo del sector turismo, las fusiones musicales que buscan por todos los medios que el turista baile y ria, ese multiculturalismo artificial que nutre de supuesta democracia lo que la gente del lugar era y los convierte poco a poco en clones a la moda de ese mundo actual repleto de cajeros automaticos que el dios de ahora, el dinero, està en todass partes.

 El Madrid del Rastro sin rastros o con huellas escondidas en la velocidad ilusoria del cambio. El Madrid de la Ballesta generalizada, aquella calle de la prostitución franquista repleta de generales y curas disfrazados de civil y cuidados celosamente por los grises del franquismo tardío, se repite, retratado en algunos pasajes por la ficción almodovareña, esa especie de realismo mágico tragicómico en el que se oculta disfrazado el Madrid global, internetiano y si, tan frígido que ya transitó por fin de la movida a la inmovilidad, convirtiendo al  ciudadano activo de las movilizaciones sociales urbanas de los sesenta-setenta en el consumidor compulsivo de finales y comienzo del milenio.

domingo, 2 de julio de 2017

La tierra en Colombia y el tránsito a la legalidad.


 Si usted es ajeno a la polarización, si no es militante político de alguno de los partidos que se enfrentaran en elecciones o si usted es extranjero y le presentan un dilema como el que sigue ¿qué elegiría?
ha culminado, en medio de inmensas dificultades, un proceso de paz con la guerrilla, primer factor del conflicto armado por 50 años y  Ud. ha reducido muy significativamente las muertes y acciones violentas por ese conflicto, Ud.: quisiera volver a las cifras de violencia  de años anteriores o apoyaría el desarme y la vinculación de la guerrilla a la vida civil asumiendo los costos políticos y sociales derivados de estos.

Responder a manera de encuesta sin plantearse la base del problema puede ser arriesgado. Las encuestas, muchas veces dicen lo que has elegido, pero no lo que piensas. Así que parto del supuesto de que es mejor pensar antes de responder. Digamos, solo para simplificar, que entiendo por pensar y, de qué manera, esto nos ayuda a ser libres, en el sentido de que ser libre es también pensar por sí mismo. Pensar entonces para este escrito es: ver desde el pasado como se ha construido el presente, los rastros del ayer en el hoy (Memoria) buscar la información sobre los aspectos del problema que usted quiere comprender (Análisis) confrontar los distintos puntos de vista (Crítica) y lograr un inteligente contexto del asunto para desde allí decidir (Síntesis)

Miremos a manera de ejemplo uno de los problemas que está en la base del dilema:
En Colombia es histórico el debate sobre la tierra, propiedad y su uso, en particular sobre: el acceso a la tierra, la informalidad, la ocupación indebida de baldíos y el uso de la tierra para cultivos ilícitos: Pero ¿se puede solucionar el problema sin tocar los poderes legales e ilegales que están comprometidos con el tema? Pero ¿cuáles son esos poderes que ponen obstáculos a las soluciones porque actúan en contra de las leyes que pretenden solucionar el problema? ¿Porque actúan en contra del proceso de paz?

·         Existe un poder político ligado a la tierra que tiene presencia en las instancias de representación (muchas veces mayoritaria) desde el Congreso hasta los Consejos Municipales. Todavía existe una relación entre propiedad de la tierra (mediana y gran propiedad) y la  política: un buen número de representantes  hacen parte de propietarios, familias de propietarios o aliados incondicionales de esos grupos. Potentes redes confianza que defienden, atacando, cualquier solución que debilite el escenario que construyeron, poco a poco y durante décadas, desde lo local , en donde tierra y política están atados de manera intensa y no pocas veces con carácter feudal.

·         Muchos de estos grupos están relacionados con la ilegalidad, coca, marihuana, minería, usurpación de baldíos  etc. y han construido escenarios de una alta complejidad ilegal en donde la presencia del estado ha sido remplazada por una institucionalidad paralela, latente y explícita, que ve como amenaza cualquier intento de transitar desde la ilegalidad a la legalidad. Se han establecido dictaduras locales de todas las tendencias.

·         Las estrategia de estos grupos para lograr su cometido: bloquear las salidas, van desde los político (eligiendo y haciéndose elegir) hasta lo jurídico (bloqueando, dilatando o tergiversando el sentido del cambio) hasta lo económico invirtiendo en campañas electorales,  de desprestigio y participando muy activamente en debates promovidos por los medios y en redes sociales con grupos muy bien organizados que emite de forma intensa y permanente mensajes en contravía de las soluciones. Actúan desde lo local donde el miedo es uno de los dispositivos de control más eficaz. Actúan sobre lo inmediato, atacan cualquier gesto o acción dirigida a solucionar el problema de la tierra, pensando que, la acción rápida, es más eficaz que el debate inteligente y democrático. La fuerza de la minoría amenazante ligada al miedo.

Es muy difícil avanzar en la solución en contextos de altísima confrontación. Superado el enfrentamiento militar con la guerrilla, queda el enfrentamiento político, que debería estar ligado a la reflexión y el pensamiento y desligado de la política electoral, por cuanto la paz es bien común que no debe ser sometido al alegato electoral. No es igual al debate electoral por la presidencia en elecciones anteriores, ahora la paz (desmovilización, entrega de armas, vinculación a la política de los armados, amnistía, y justicia transicional) ya están logrados. Queda mucho por andar, pero eso es un camino que debería transitarse sin odio, el riesgo de hacerlo con odio plantea un mundo oscuro que puede llevar a un conflicto  de muy difícil manejo: en términos tecnocráticos se rompe la gobernanza y el poder se re constituye, en lo local, desde la delincuencia. De entenderse esto, como la construcción de un futuro en donde, la disputa por el territorio, en muchos lugares de Colombia será entre: la ilegalidad y la legalidad; el autoritarismo ilegal y la democracia, entre actores armados de nuevo/viejo origen y sociedad civil.

Es decir, el dilema planteado no es un dilema moral, de la forma: bueno o malo.  Es un dilema histórico similar al dilema ecológico del orden: si continuamos explotando los recursos hasta el agotamiento los que vienen detrás tendrán grandes dificultades para sobrevivir. Igual pasa con la paz en este momento: sino alimentamos el posconflicto con acciones honestas, rápidas y eficaces de construcción de democracia (justicia, equidad, igualdad, derechos humanos, no corrupción) la transición a un mundo mejor será postergada de nuevo.

¿Pero es posible hacer algo? Sí, pero sólo  sí se entiende el problema y cómo  este es amenaza para el Bien Común. Es urgente que toda la ciudadanía, los de un lado y los del otro, estén por encima de los líderes y defiendan la paz como un bien común.

 

lunes, 26 de junio de 2017

Vislumbres de una prospectiva de la educación en siglo que apenas asoma la cabeza. Notas de apoyo para la reforma de la ley 30


El telón de fondo o detrás del telón

Es muy difícil dar un brinco de un siglo, cuando cada vez se dificulta más pegar el salto de la cama al piso, valga decir, de lo que se ha estado soñando a lo que nos vemos en la humana obligación de vivir. Diría que pensar la educación para este siglo es algo así como pedirle a un jardinero que arregle la Amazonia. Habría una gran diversidad de formas de hacer ese ejercicio de pensar la educación para siglo XXI:

Un camino sería mirar lo que ha acontecido con la educación a lo largo del siglo XX, y tratar de indagar que sucedió con el paso de los años en lo que se llaman "instituciones educativas” y extraer de allí algunas conclusiones que permitan orientar este corto ensayo.

Eso no lo voy a hacer. Lo dejaría en manos, con el peligro que eso supone, de historiadores de la educación, pedagogos, o de tecnócratas y expertos que naufragan en interpretaciones ligeras sobre lo que es fundamental. Me bastaría decir que desde que, Platón, funda la Academia, o Epicuro el Jardín, o Zenón el Pórtico, o Aristóteles el Liceo, ha corrido mucha tinta y sangre, con la diferencia sustancial que estas instituciones eran creadas por filósofos, ahora la tendencia, por lo menos en este país, es que sean fundadas por negociantes, en su gran mayoría. Adelanto que el derecho a la educación se convirtió en uno de los más lucrativos negocios.

También diría que la distancia en tiempo para la fundación de una institución, en ese entonces, podría ser años o incluso siglos.  Hoy en día solamente bastan semanas o meses para que alguien, después de un estudio de lo que llaman factibilidad, abra una universidad o colegio y ofrezcan un sinnúmero de programas acordes con lo que el mercado necesita o, en palabras recientes, formar por competencias, que no es otra cosa que condicionar la formación al entrenamiento o el trabajo.


 Han pasado, como decía, muchísimos años y ustedes podrían no solo investigar, sino ver las diferencias. La idea de la educación para el mercado ha ido, de forma lenta, socavando las intenciones institucionales de educar. Se ha pasado sin ninguna vergüenza a entrenar cómo el fin último de lo educativo.

Otra forma de hacer este ejercicio, pensar el futuro de lo educativo, sería acudir a la ciencia ficción y comenzar por  pensar que la tecnolatría  irá poco a poco dibujando un mapa en el cual, el ser humano, dispondrá de lo que llamaría el botón de la eterna juventud en donde la tecnología supliría el papel de la fuente de la leyenda y cualquier inmersión en ella nos permitiría no solo alargar la vida y posiblemente el drama, sino también nos facilitaría la cruel tarea de pensar, de criticar, de rebelarnos o de resistir.

Pero si la utopía educativa es formar para la libertad, esta debe transformarse o mutar hacia una educación en donde lo institucional esté ligado al desarrollo de un ser humano autónomo, libertario, y de una ciudadanía crítica. 

 La prospectiva sobre lo educativo está saturada de especulaciones tecnocráticas sin mucho sentido educativo y repleto, asimismo, de deseos tecno burocráticos de orientar o reorientar la educación hacia un mercado global, cada día más complejo, en donde el capital seguirá ordenando lo que el ciudadano debe saber para no quedar por fuera. El dominio de este pensamiento utilitarista encontró un soporte estratégico en los neoliberales de la década del 80, 90. En este país y durante aquella época surgió la idea de la apertura educativa en donde un principio dominante fue que el mercado regularía la calidad. En términos de aquellos estrategas neoliberales, las instituciones que no respondieran a las exigencias de calidad del mercado saldrían por efecto de la competencia. No paso. La calidad se deterioró. Nos llenamos de instituciones cada vez más parecidas a los talleres de mecánica en donde aceitan el cerebro del estudiante para que funcione bien en el trabajo.

 

De esta manera la educación se montó en ese vagón de la globalización. De la mano de los defensores a ultranza de esa globalización, la educación, terminó siendo “Universal" soñaron que, en una posible etapa, los pueblos del mundo podrían ser educados desde los mismos principios, con los mismos programas y con un tipo de instituciones idénticas para un mismo mercado orientado y dominado, por supuesto, desde el norte.

Estos entusiastas de finales de milenio pudieron llegar a proponer cosas como el cambio de nombre del planeta y en lugar de The Planet le dirían sin ningún atisbo ético: The Market

Ya no sería suficiente con militarizar el lenguaje, sino que parece urgente "mercantilizarlo" ya no basta con hablar de estrategia, táctica, logística, términos esencialmente militares; ya entramos en lo que llaman competencias, cualificaciones, estructuras ocupacionales, conceptos con pretensión orientadora de lo que debe o no ser la formación. Pareciera un lenguaje dirigido a crear un proceso de instrumentalización que no se diferencia en mucho del taylorismo que rondó la educación y que fue acogido por muchos: la tecnología educativa.

 

 Ante la ausencia de imaginación volvemos al pasado.
Nos llenamos de talleres. Una metáfora cruel en donde el juego para la gran mayoría sigue siendo la pobreza, la injusticia y la violencia. Las reglas que son dictadas desde el templo sagrado del capital, ponen límites en donde no debe haberlos y envían mensaje de calidad, definiéndola como homogeneización: nada nuevo, por supuesto, en el mapa de lo que denominaría, la capitalización del mundo, al cual podría corresponderle el dominio del concepto de capital en todas sus dimensiones: capital social, humano, cultural, natural.


La última forma de abordar la tarea de pensar la educación para este siglo, quizá la más inteligente, sería el silencio, es decir, hacer un reconocimiento a la eficacia de la educación y afirmar que de ella aprendí la prudencia, desafortunadamente, no fue así y, por lo tanto, tengo la osadía de hablar, escribir y dirigirme a Uds.


Miremos entonces, en esta especie de aventura, lo que creo podría llegar a ser la educación, para ello me voy a apoyar en la poesía de algunos por considerarla como la más precisa forma de conocer, de saber.

Están presentes en este ensayo algunos autores que podrán ir reconociendo a lo largo del escrito sin creer necesario citarlos. Habrá un altísimo grado de especulación, y  de contradicciones que nacen de lo que serían mis deseos íntimos y que pienso , afectarán no solo la educación sino también la vida diaria.

 

Creo que sería un ejercicio aburrido pensar la educación por fuera de los posibles cambios que podrían suceder a lo largo de un siglo. Cualquier selección que uno haga sobre esos posibles cambios, mutaciones o revoluciones no deja de ser una elección arbitraria y, por lo tanto, bastante limitada, pero, ¿qué hacer? ¿Pararme en el centro y suponer que desde allí puedo verlo todo? ¿O situarme en la infinidad de puntos alejados de él y sentirme atraído por la fuerza de su seducción? ¿Rebelarme contra esa atracción fatal y darle toda mi confianza al azar? Puede ser, ¿Confiar en la capacidad y principios de los románticos y anarquistas para transformar las cosas y construir utopías contra el poder?

¿Por dónde empezaría el jardinero la recuperación de la Amazonia?

Es posible que comenzara por recuperar la planta más cercana o la tierra que pisa. No sé. Creo que podría hacerlo así, pero sin perder de vista la utopía mayor y llegar poco a poco a una revolución cultural que cambiara las formas de pensar de los seres humanos que la habitan, la usufructúan o la explotan.

Un asunto que el tiempo irá descubriendo: el siglo XIX fue de la política, el siglo XX de la economía y el XXI será de la ecología. Eso, iniciando este milenio, habla con fuerza al oído de que la formación de todas (las personas) tendrá que ser orientada desde allí, desde la ecología, o esta barca planetaria naufragaría en el espacio sideral. Esta advertencia es algo así como volver al miedo cósmico para reorientar la moral de los habitantes. Pero es así.

Miremos algunas cosas que cambiaran de manera radical y avanzaran hasta su desaparición

La idea de sistema y la euforia de lo sistémico y su consabida sistematización, sobre todo la idea de separación del sistema político y el económico: es posible que surjan formas de organización sociopolíticas que privilegien el ocio creativo, sobre la productividad, el consumismo y la competencia. Un tránsito después de siglos de dominio de la Academia de Platón al Jardín de Epicuro. 

El Estado irá poco a poco diluyéndose hacia formas comunitarias, pequeñas comunidades autónomas en donde se contraponga a la idea de empleo altamente productivo la idea de trabajo autosuficiente. Las señales que percibí en un trabajo rural, de los muchos en lo que he participado, era la posibilidad de vivir en comunidades anacoretas en donde la vida se puede llegar a disfrutar sin ambición distinta, a vivir bien, es decir, tranquilo.

El mercado que podría convertirse en un espacio de encuentro en donde lo que vuelve a interesar es el sentido del ciudadano por encima del de consumidor. Volverán a aparecer los servicios públicos, que fueron eliminados por la euforia rentística.

En la comunicación se transitará desde la esquizofrenia de querer estar conectado con todo el mundo al deseo estar conectado con lo mínimo, con nosotros mismos. Los habitantes de futuro mirarán con inquietud y despecho los millones de móviles, celulares abandonados por todos los caminos y se preguntarán que nos llevó a comprar basura.

 

El ejército desaparecerá, se reconoció la inutilidad de tratar de imponer o defender la democracia y los derechos humanos por la fuerza. En su lugar se conforman inmensos grupos de voluntarios, que van de un lugar a otro apoyando la construcción de un mundo mejor. Una fuerte expansión del altruismo sirvió para neutralizar cualquier intento de sometimiento de un país por otro.

La desaparición del dinero y con él la reaparición de la palabra como un valor para crear acuerdos y no contratos. No es clara la época en que desapareció el dinero, pero es muy posible que en los años 60 del siglo XXI se hayan dado los primeros pasos.

La universidad o las instituciones educativas (las localizadas y basadas en las notas, matrículas y diplomas) irán poco a poco reconociendo que su misión iba en contravía de la formación, en la acción, en la experiencia. Los clientes7 estudiantes, se alejaron al sentirse estafados. Nadie volvió a las aulas al descubrir que habían sido diseñadas como jaulas.

Algunos tránsitos hacia atrás

El amor a lo natural, incluido el amor a la naturaleza

Los barcos de vela y las velas; navegar por fuera de INTERNET 

Los oráculos y las penumbras y todas las incertidumbres

Los políticos honestos

Del sedentarismo volveremos al nomadismo

Del automovilismo al caminante

 

En oposición a la invasión de la inteligencia artificial fué poco a poco consolidándose una estupidez general.

 

La profesión de mayor éxito será la de Destructor de información innecesaria.

El fin de los medios de comunicación como fabricantes de mentiras,

Algunas cosas que no podrán desaparecer y que se convertirán en la base del conocimiento:

La casa como el mejor espacio de aprendizaje

El cuerpo y toda su eroticidad

La Libertad no condicional

La literatura (incluido el ensayo libre, las buenas crónicas,)

La música (incluido el Rock, el rap,

La pintura (Todas las buenas)

La fiesta (la danza, Todas)

El Cine (Independiente)


Nota Final:

Las tecnologías de la comunicación tendrán un fuerte  declive en cien años al descubrirse que la altísima neurotización del mundo  derivó de  la velocidad artificial impuesta.



viernes, 19 de mayo de 2017

Las bolas de intelectuales, tecnócratas y algun científico



INTELECTUALES, TECNÓCRATAS Y ALGÚN CIENTÍFICO


Siempre será difícil saber con precisión cuáles son las fronteras que en Colombia separan a intelectuales, científicos y tecnócratas. Aún más difícil podría ser indagar cuál ha sido el papel de estos en la construcción de la sociedad colombiana, y resulta bastante más aventurado, reflexionar sobre el papel que deberían cumplir en el futuro o en la solución de los problemas que agobian al país en este momento de su historia. O en lo que está de moda: el postconflicto

Intelectuales, tecnócratas y científicos son grupos bastante heterogéneos cuyo origen o sentido de pertenencia a tal o cual grupo es más bien un asunto de los estudiosos de las élites de una sociedad. Es decir, que su existencia como grupo no es más que una ilusión o ambición teórica o mediática o periodística. En Colombia los tres se fusionan y, en no muy pocas ocasiones, encuentran sus territorios de expresión o comunicación en las faldas del poder. El de los medios, el de los grupos económicos, el de los poderes políticos, de izquierda y derecha,  el de las universidades de elite ancladas como un barco pirata que va y vuelve sobre el mundo de los conceptos paridos en otros lugares. Ruedan la bola, ruedan las bolas.

En nuestro país intelectuales y tecnócratas son parte, o mejor, comparten las mismas responsabilidades y son, además, grupos que no alcanzan a ser protagonistas de su propia historia más allá de las fronteras de su país o aún más precisamente, de sus regiones. En los días que corren, intelectuales y tecnócratas son aliados que no se conocen, solo por Facebook o Tweet, tiran la piedra y esconden la mano, unos como consultores, los otros como profesores, aunque en muchas ocasiones es la tecnocracia la que ocupa en las universidades de elite públicas y privadas,  un espacio de mayor reconocimiento que los propios intelectuales. Los intelectuales colombianos no producen textos de relevancia internacional, son provincianos que se entrelazan a través de columnas de medios privados que los buscan, para dar a su medio algo más que frivolidad. Hay confusión y, los periodistas  ocupan un espacio que no merecen: están siendo identificados como intelectuales los columnistas que opinan en medios masivos, opinadores de la agenda coyuntural impuesta  por la noticia.

En corto: podría decirse que este es un país de profesores y tecnócratas. Un país con profesores de filosofía y sin filósofos, de profesores de sociología sin sociólogos, de profesores de economía sin economistas, escritores que no escriben, intelectuales que no son intelectuales,  muchos de ellos arrepentidos de sus orígenes de izquierda y navegando por las aguas mansas de la transpolítica. Sus caminos se cruzan en el laberinto de los problemas colombianos. Ellos y ellas son fuente de pensamiento para los periódicos, de la misma manera que lo son para los planes de desarrollo de los distintos gobiernos. Acuden raudos a las instancias del poder tecno político cuando son llamados a dar las claves de los diagnósticos y son despreciados para dar las soluciones. Intelectuales y tecnócratas discuten, entre muros, los últimos textos de los teóricos: franceses unos, norteamericanos otros, y desde allí extrapolan, re contextualizan, son eco perdido de los deseos políticos de otros lados.

Así ha sido a lo largo de la historia: un proceso permanente de importación de ideas e ideales anglo franceses, de métodos y herramientas originadas en otros lados, de banderas teñidas de moda, unos buceando en las ideas de izquierda, otros en las de derecha han contribuido si no a construir este régimen de injusticias, sí a legitimar la infinita maraña de interpretación de lo que somos.
No siempre ha sido así. En otras épocas los intelectuales se hacían a la izquierda y buscaban refugio ideológico o lo construían en partidos cuya promesa política era la revolución. Ya no hay ni promesa política ni revolución.  Esto no quiere decir que antes la derecha no tenía un ejército de intelectuales que alimentaban su mapa ideológico, lo que se entendería mejor es que existe una idea generalizada de que todo intelectual es de izquierda, cosa bastante equivocada y que ha permitido que algunos intelectuales de tendencias poco claras sean identificados como revolucionarios, lo que ha hecho un flaco favor a la misma idea de revolución. 
Pero intelectuales, tecnócratas y científicos siempre han jugado un papel en los entretelones de la democracia limitada en la que estamos inmersos. Han existido en medio del cinismo político y lo han potenciado, han permanecido incólumes ante aspectos claves de la realidad nacional como la corrupción y/o la concentración de la riqueza, han sido críticos de ellos mismos y en batallas verbales han pasado de defensores de los intereses de todos a defensores a ultranza de sus propios privilegios.

La idea de un intelectual militante y comprometido ( obligatoriamente pensador que escribe para mass alla de los lectores de prensa) no arraigó no sólo porque era una idea sin atractivos sino y principalmente porque el intelectual y tecnócrata, se encuentran mejor navegando en las aguas mansas de una democracia constitucional de papel que en las conflictivas de una ruptura con el establecimiento. Aunque algunos han girado hacia la derechización es mucho más preciso hablar de la centralización de intelectuales y tecnócratas, ellos ven con mayor espectro argumental el defender el centro y con ello la democracia liberal, es decir, el Estado de Derecho por encima de la sociedad justa. Las luchas y los compromisos han sido cambiados por la elocuencia argumentativa de los discursos con el drama de ser discursos de moda y por lo tanto efímeros. Es por eso que aun los medios más conservadores les dan cabida como parte de la oferta del periódico o canal. No se preocupen hay excepciones, muy pocas.

Nuestros intelectuales no han construido una opción política. Su continuo balanceo entre la izquierda y la derecha los muestra como un péndulo inasible que juega a no pararse en ningún lado que los comprometa. Son, en su gran mayoría, militantes de una transpolítica que fundamenta su crítica en los discursos modernistas que se  han teñido con el ideal de la libertad, la igualdad y la fraternidad, trío sobre el cual basan todas sus aspiraciones políticas. La angustia del postconflicto se convierte poco a poco en un alegato al que le faltan intelectuales que orienten no a lector del periódico sino al país. Que den sentido a la ambición política desmesurada de los que tiene en sus manos el presupuesto.

La intelectualidad es un grupo heterogéneo. Escribe y a través de este acto, exorciza las penas de su propia pasividad. Una intelectualidad que como diría un amigo, habermasea, después de haber marxificado, freudinizado o weberanizado. Algunos han terminado escribiendo para las revistas de farándula, otro son avezados columnistas de las revistas del poder. Los lenguajes al uso así como los discursos son eficazmente divulgados en los territorios del dominio académico. Diría para ser preciso y evitar confusiones: no todo el que escribe, bien o mal, es intelectual de la misma manera que no todo el que corre es atleta.

Ellos y ellas, triunfan en el sentido de que la reflexión ha sido sustituida por la opinión personal  o la parodia, y el pensamiento por la cita erudita: el nuestro es un tiempo de intérpretes no de creadores, y sin embargo todas las condiciones de esta realidad espoleada por la crisis incitan a las fuerzas de la creación. El debate político sucede en medio de una falta sustantiva de diálogo entre las ideas. Dialogan los autores, sumidos en muchos casos en su solemnidad y erudición y escondidos en lo que ha terminado por entenderse como tolerancia, es decir, soportar a los demás. No se puede pedir a intelectuales, tecnócratas y científicos mucho más de lo que están dispuestos a dar. En una sociedad como la colombiana y se podría decir que en la América mal llamada Latina (no todos somos latinos), estos grupos son privilegiados ciudadanos que luchan por su libertad mientras muchos todavía están luchando por la comida.

 Muchos pelean por la libertad de cátedra cuando miles de ciudadanos no tienen cupo ni lo tendrán en la universidad pública.  Algunos se hacen llamar periodistas y toman la bandera de la libertad de expresión como si fuese el único ideal que tenemos. También han jugado, los intelectuales,  un papel en los vericuetos de la guerra. Muchos toman partido: unos son guerreristas, otros prefieren una supuesta neutralidad, otros se mueven con complacencia en los círculos del poder, de los poderes, algunos más prefieren encerrarse en las aulas de las universidades, camuflados de investigadores dibujando con su tinta el mapa de la historia.
La odisea pasiva del intelectual es continuamente cuestionada por el activismo de algunos, casi todos menores de cuarenta, que se vinculan a la protesta social o hacen parte de grupos que, conservando bases de lo que podría decirse o entenderse como izquierda, se movilizan para lograr los cambios. Aventureros inmóviles, diría recordando a Borges. 

Una de las vanguardias, como ya afirmaba,  de la intelectualidad en el país es la editorial, a través de la cual unos pocos columnistas re- interpretan las necesidades de la población, re- interpretan los movimientos políticos y re- construyen, aparentemente los imaginarios de no todos, sino de algunos colombianos con las capacidades económicas y ocupacionales necesarias para acceder a estas opiniones. Pero si las columnas de opinión fuesen el reflejo o mostrasen el nivel de nuestra intelectualidad, no pasaríamos de ser un país de la sin vergüenza. Del simplismo ausente de sentido común y repleto de argumentos vacíos. Busca ser el titular del periódico ante su incapacidad de ser una vanguardia libertaria, un aporte a la humanidad, mínimo, pero a la humanidad.

Es tal el caso, que la derecha y la izquierda se desmarcan impunemente, entre los afanes de la prosa perfeccionada en miles de correcciones,  sobre la importancia de temas que deben ser pedaleados desde la oposición y la certeza.  Colombia configura un modo de pensamiento único forjado a punta de columnas en donde ellos y ellas dialogan entre ellos y disputan lo que llaman lecturabilidad o ese territorio de preferencia construido por la clase media urbana, blanca y rosada, límpida e higiénica siempre la moda que va elevando al altar de lo políticamente correcto desde las diferencias sexuales hasta el vegetarianismo, veganismo y demás  ismos que la farándula aprecia sin medida.

 Todo parece forjarse en la intelectualidad de clase media, en el politólogo de bolsillo que comprende la realidad, la analiza, la desbarata y tras esta labor, toma su café, té o en algunos casos mate, y continua; por momentos, si la opinión del editor es tal que puede hallarse dentro de sus mismos pensamientos ‘cuelga el link’ en Facebook, una frase corta de la editorial en Twitter y una vez más continua. 

La labor de la oposición es así, darse un lugar, luchar por un lugar, si bien un tanto amparado por las suertes de los medios, desamparado frente a la credibilidad. Personajes como Antonio Caballero desde su gastada acidez, sin remedio,  o William Ospina, dando tumbos, María Isabel Rueda repicando de forma oral y escrita un guion soso que naufraga en el “que estará pensando” cuando no piensa, solo habla. Gurisatti diva de derecha envejecida de forma prematura, alardea del énfasis de la misma forma que otros lo hace de la corrección política.Daniel Samper Ospina, por ejemplo, quien en un estilo muy del ilustre Fernando Vallejo, intenta arrastrar las dignidades y los principios de una Colombia que parece no tenerlos, o tenerlos refundidos. El mismo Vallejo que sin poder ubicarse se acoge a la blanda imposturología  que transitó hacia el poder, convirtiéndose en una más de las diversiones. 

Editorialistas todos y todas que, en  sus constantes pataditas al hígado, critican tanto el perfume de la senadora, como el turbante de la otra, como la gordura del ministro y la hediondez del procurador, la mentira del uribismo- arribismo, la posverdad de ellos mismos ( ahora todos hablan de ella, como parte de la verdad creada).Sus voces y  plumas cumplen tan fielmente aquel refrán que le da la función de arma… tal vez una corto punzante, con la cual pareciera no sólo querer desahogarse, sino demostrar a carne abierta que aquellos lejanos políticos que juegan con las dinámicas de 44 millones de personas diariamente, son tan sudorosos, malolientes y humanos como el resto del país; como si quisieran demostrar que nada de esto es un castigo divino. Al menos eso quiero pensar.

 Tener la opción de hablar del lado de los ganadores, desde la supuesta intelectualidad sugiere una seguridad en la escritura que constituye una reafirmación de los crecientes y siempre crecientes porcentajes de colombianos que la sustentan. Finalmente si por las estadísticas fueran tener 74, 85, 91 por ciento de los votos en la sistematización electoral, pues bien podría pensarse que en esa misma cantidad serán leídas las editoriales que personajes  como Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria y el infaltable Plinio Apuleyo Mendoza. Da miedo. Estos tres  son algo más que derechistas, resultaron ser una suerte de asesores políticos para las maromas del uribismo reelegido, y además la sustentación del mismo. Vieron a la Corte Suprema de Justicia como una villana al negar otro mandato, y plantean las funciones de la democracia tan maleables como la popularidad de Marbel. Su diatriba deja ver la poca necesidad de cuestionar, y la facilidad de adjetivar positivamente hecho tras hecho, decisión tras decisión del pasado mandatario, y un tanto del presente para así corroborar con pertinencia y buena escritura la buena suerte del tercer país más feliz del mundo. Vulgares y enfáticos maestros de la mentira.

Sin embargo, en ambos lados se encuentran las transposiciones de la política colombiana. Si por un lado es posible encontrar un discurso unificado pero poco sensato de parte de la oficialidad, que en lo corrido de los últimos años resultó ser una derecha a ultranza, sostenida únicamente por las columnas de lo económico y lo tradicional, también es cierto que la oposición se pierde en el laberinto del minotauro tomando cada planteamiento un camino diferente, y en la mayoría de las veces sellado para lograr matar y acceder al monstruo. Todo editor quiere demostrar su poder interpretativo, quiere traducir a menudo las palabras grandilocuentes de un Estado sin razón, sin embargo, el traductor tiene la capacidad de mentir, engañar, tergiversar, y por tal ser ladino, poder encontrar en medio de una fortaleza o debilidad de los gobiernos la vinculación con temas menos importantes o de afectos más personales y construir diatribas que desdibujen más la pintura de lo que intentan denunciar. Los auto llamados intelectuales, ellas y ellos, de   derecha, como de  izquierda colombianos tienen la posibilidad de crear adhesiones o desapegos, pero más allá sus denuncias son parte del juego, del juego tecnocrático, de la burguesía sin burgos, y la oligarquía sin oligarcas, de un pueblo eso sí, con hambres, hambre de justicia, hambre de pan, hambre de sostenimiento, hambre de verdad, hambre de memoria, y las páginas de los diarios y los links en Facebook no llenan ninguna de estas.

lunes, 20 de marzo de 2017

Pensando en Alfredo Correa de Andreis y en memoria de todos los lideres sociales asesinados.


Si tuviésemos que hacer un minuto de silencio por los líderes asesinados en el 2017 tendríamos que hacerlo, al menos,  durante 17 minutos, si lo tuviésemos que hacerlo por los líderes asesinados en el 2016 tendríamos que quedarnos mínimo 120 minutos en silencio, si lo tuviésemos que hacer por los líderes muertos a lo largo del conflicto, nos tendríamos que quedar callados para toda la vida: eso es lo que quieren los violentos  gsl

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Hace 18 años, más o menos, trabajábamos en  el desarrollo de la Misión Rural en todo el país. Teníamos grupos de coordinación en las distintas regiones. Gente del más alto nivel académico, compromiso con el país y toda la honestidad del mundo. En el caribe la suerte nos acompañó de forma especial. Allí estaba Alfredo Correa de Andreis y su bacanería, simpatía y conocimiento nos hizo sentirnos amigos.

La última vez que lo ví caminaba alegre por la Feria Internacional de Libro de Bogota. Inocente como muchos de los que han sido asesinados en este país. En ese momento desplegó sobre mi toda la alegría Caribe, la euforia de un encuentro fortuito me llenó de entusiasmo en medio de sus abrazos de gigantón que, para mi corta estatura, eran algo así como la invasión de la fraternidad costeña a esta timidez cachaca-patoja que no sabe que hacer con tanta calidez y expresividad. Me despedí de él y vi como desaparecía en medio de libreros, estudiantes de primaria y compradores de libros. La imagen de aquel día, seria la ultima que tendría de Alfredo.

Un día a través de un amigo en común supe que estaba preso y como muchos inocentes no sabía porqué. Se había metido en la boca del monstruo, pensando seguramente que  no cerraría sus fauces. Pero, como a muchos, lo traicionó el optimismo que tantas veces nos hace sentir que las cosas en este país se pueden cambiar. Eso creo que el creía. Los hombres buenos suelen equivocarse.

Hablamos desde la cárcel. La conversación fue corta pero optimista. Me dijo que no tenía nada que ver con nada de lo que decían. Y yo no dude en creerle. Era imposible pensar algo en contra de Alfredo. Me dijo que saldría pronto pero que no creía que las cosas se hubieran resuelto y que había peligro. Me dijo tambien que esperaba que nos viéramos y que agradecía el  libro que le había enviado: "Palabras de paz" discurso de los premio Nobel al recibir el premio. Tambien me dijo que había enviado una carta al presidente Uribe.

No recuerdo cuanto tiempo pasó, estaba en el Hotel Zuana de Santa Marta. Asistía yo a un evento con el Consejo Noruego en el que ellos ofrecían apoyo para los desplazados y las victimas.
De pronto escuché que nuestro amigo común, gritaba ¡no puede ser! no puede ser! y al otro lado de la línea telefónica alguien, que no supe quien era, le decia que acababan de asesinar a Alfredo en Barranquilla. Era septiembre del 2004. Las dos y media de la tarde si la memoria no me traiciona.  Un fiscal de Cartagena le había acusado meses antes del delito de rebelión. Un absurdo, un despropósito, Estoy seguro que el torpe fiscal confundió rebeldía con rebelión.

Un crimen inaudito. Un asesinato más de la inocencia. Un crimen más en la impunidad. Pienso en Alfredo, en el último abrazo que me regaló. Estoy seguro que algún imbécil lo condenó por su alegría, por su capacidad de abrazar, de reír duro, de alegrar la vida. Por ser caribe, por hablar, por soñar con un país libre: eso algunos no lo perdonan y tienen montado un paredón en cada esquina, una fosa común en cada pueblo y todo el terror del mundo en cada rincón.

Duele el miedo que logran producir  los asesinos de inocentes. Duele, tanto como ese miedo, la frialdad como el poder cuenta cada uno de los caídos por las balas asesinas. Duele el dolor de la familia de las victimas como también la inmensa impotencia que, como ciudadanos, tenemos ante la injusticia. Abruma la ligereza de los medios y las declaraciones de los distintos poderes frente al crimen diario de líderes inocentes. La vida diaria transcurre en medio de la seguridad que deja una estela larga de muertes.

El asesinato de Alfredo Correa fue uno más de los crímenes horribles que cometen los que solo tienen como argumentos el asesinato. Alfredo nos acompañó 1997 en la Misión Rural como coordinador de la región del caribe y siempre mostró la más alta preocupación por su región así como su  gran capacidad de análisis.

Rechazamos, repudio  el asesinato de nuestro amigo y queremos expresar a todo el país nuestro pesar por haber perdido a un buen hombre, necesario para estos tiempos de barbarie, y necesario en épocas en donde la aridez de los análisis no deja ver lo que sucede.

La justicia no solo cojea sino que nunca llega. Están matando la inteligencia y todo lo que nos queda es debatir sobre lo que los políticos desean para poder mantenerse en el poder.

Nos conmueve el dolor de su esposa y su hija. También que no podamos hacer nada. La protesta y el llanto no son suficientes. Abruma la mentira, la trampa, la sagacidad con la que los más fanáticos y crueles asesinos están socavando el futuro y presente de nosotros y los que vienen. No queremos politizar la muerte de un amigo. Tampoco que sea bandera de ninguna causa. No creo en las banderas y la muerte que produce su defensa. No deseo que el dolor de una muerte se vuelva bandera de nadie.

Estoy en contra de toda violencia y pienso que no existe ninguna razón para matar ni para morir por ella.